El telescopio Webb encontró galaxias que no deberían existir

El telescopio Webb encontró galaxias que no deberían existir

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Fuentes:HN + web research · HN

Según el modelo cosmológico estándar (ΛCDM), los primeros mil millones de años tras el Big Bang deberían ser un periodo más bien modesto: galaxias pequeñas, agujeros negros apenas incipientes. Pero los datos que está enviando el telescopio espacial James Webb (JWST) cuentan una historia completamente distinta.

Apenas 300 millones de años después del Big Bang —cuando el universo estaba en pañales—, el Webb ya detecta galaxias maduras, grandes y brillantes. Y 700 millones de años tras la gran explosión, fotografía agujeros negros con una masa equivalente a 50 millones de soles. Estos objetos no deberían estar ahí. Al menos, no tan pronto, no tan grandes, no tantos.

El 2 de julio de 2026, Quanta Magazine publicó un reportaje de fondo que sistematiza esta «crisis existencial» que el Webb le ha metido a la cosmología. El artículo escaló rápido en Hacker News hasta los 181 puntos. Pero lo que de verdad les quita el sueño a los astrofísicos no es el artículo: son los datos.

Primera imagen de campo profundo del telescopio James Webb (cúmulo SMACS 0723), mostrando multitud de galaxias lejanas. Crédito: NASA/ESA/CSA

¿Por qué ve el Webb lo que el Hubble no pudo?

Para entender la crisis hace falta un concepto: el desplazamiento al rojo o redshift.

El universo se expande. Cuando la luz viaja a través de un espacio que se estira, su longitud de onda también se estira —como una goma elástica—. La luz azul pasa a verde, la verde a roja, y la roja acaba saliéndose del espectro visible y convirtiéndose en infrarroja (invisible para el ojo humano). Cuanto más lejos está un objeto, más se estira su luz, y más alto decimos que es su desplazamiento al rojo.

El telescopio Hubble observaba fundamentalmente en luz visible y ultravioleta cercano. Cuando el desplazamiento al rojo de una galaxia supera cierto umbral, la luz visible que emitió llega a nosotros convertida por completo en infrarrojo: el Hubble se queda «ciego». El Webb, en cambio, está diseñado precisamente para el infrarrojo. Es como si llevara unas gafas de visión nocturna capaces de ver los rincones más antiguos y remotos del cosmos.

Gracias a esa capacidad, el Webb ha empujado la mirada humana cientos de millones de años más atrás: de unos 500 millones de años después del Big Bang a menos de 300 millones. Y es justo en ese «territorio nuevo» donde han aparecido los problemas.

Los datos rebeldes: tres enigmas

Lo que el Webb está viendo se puede agrupar en tres grandes perplejidades.

Enigma uno: los agujeros negros crecen demasiado deprisa. Según la teoría actual, un agujero negro necesita tiempo. Primero una estrella muy masiva muere y colapsa, formando un «agujero negro semilla» de quizá 100 masas solares. Luego ese germen engorda tragando materia de alrededor. Pero el ritmo de ingesta tiene un límite teórico, el límite de Eddington: cuanto más rápido come, más radiación emite, y la presión de esa radiación empuja la comida hacia afuera, frenándose a sí mismo. Sin embargo, el Webb ha detectado agujeros negros de mil millones de masas solares cuando el universo tenía apenas unos cientos de millones de años. Incluso devorando al máximo permitido desde el día uno del universo, no da tiempo a engordar tanto. O las semillas nacieron ya enormes, o el ritmo de ingesta superó con creces lo que la teoría permite. O ambas cosas a la vez.

**Enigma dos: las galaxias son demasiado «precoces». El modelo ΛCDM predice que las galaxias del universo temprano deberían ser pequeñas y tenues. La materia necesita tiempo para aglutinarse por gravedad; las primeras estrellas tienen que encenderse, y luego hacen falta cientos de millones de años de fusiones y evolución para formar una galaxia como es debido. Pero el Webb ha encontrado galaxias completas apenas 280 millones de años después del Big Bang —cientos de millones de años antes de lo que la mayoría de los modelos consideraban posible—. Y para empeorar las cosas, estas galaxias no son una rareza: son abundantes y brillantes, como si llevaran miles de millones de años evolucionando.

**Enigma tres: los misteriosos «Pequeños Puntos Rojos». Este es un hallazgo exclusivo del Webb: no aparecen en los datos de ningún telescopio anterior. Son objetos que empiezan a proliferar unos 650 millones de años tras el Big Bang, diminutos y de un color extremadamente rojo (lo que implica un desplazamiento al rojo altísimo). Nadie sabe con certeza qué son. La hipótesis dominante los describe como «estrellas negras» (black hole stars): un agujero negro supermasivo envuelto en gas tan denso que la presión desencadena fusión nuclear en la envoltura, haciendo que el conjunto brille como una estrella… pero con un agujero negro como motor central.

Los «Pequeños Puntos Rojos» (Little Red Dots) captados por el Webb, procedentes de los proyectos EIGER y FRESCO. Estos objetos misteriosos aparecen unos 650 millones de años tras el Big Bang. Crédito: Jorryt Matthee / EIGER & FRESCO surveys

¿Qué dicen los científicos? Tres bandos

Ante unos datos tan díscolos, la comunidad se ha partido en tres actitudes.

Primer bando: no toquemos la cosmología; corrijamos la astrofísica. Es la postura mayoritaria. Sostiene que el armazón de ΛCDM —materia oscura, energía oscura, historia de la expansión— es correcto. Lo que necesita revisión es nuestra comprensión de los procesos de «pequeña escala»: formación estelar, acreción de agujeros negros, etc. Quizá el gas del universo temprano era más denso de lo modelado y las estrellas se formaban con más eficiencia. Quizá los agujeros negros pueden alimentarse en régimen de «súper-Eddington» —en 2024 el Webb observó uno que engullía a 40 veces el límite teórico, así que esa puerta trasera existe—. Jenny Greene, astrofísica de Princeton, declaró a Quanta: «Está claro que hay algo en el crecimiento de los agujeros negros que aún no entendemos del todo.»

Segundo bando: ΛCDM quizá necesite ajustes. Este grupo argumenta que, incluso retocando todos los «botones» de la astrofísica, no se logra explicar todo lo que el Webb ve. Que el brillo, la abundancia y la estructura a gran escala de las galaxias tempranas se desvíen simultáneamente apunta a que quizá la materia oscura no se comporte exactamente como asume el modelo estándar —tal vez sus partículas tengan una ligera autointeracción, o el espectro de fluctuaciones primordiales de densidad sea distinto del que creíamos—. Rachel Somerville, del Flatiron Institute, resumió la situación en una conferencia en Elsinor en abril de 2026: «Hemos pasado de “demasiadas galaxias tempranas” a “demasiadas teorías para explicarlas”.»

Tercer bando: los datos observacionales necesitan una segunda mirada. Algunos investigadores prudentes recuerdan que las estimaciones de masa, distancia y edad de los objetos con alto desplazamiento al rojo dependen de hipótesis que podrían contener errores sistemáticos. Hakim Atek, astrofísico, subraya que el instrumento MIRI del Webb ha revelado un hecho inesperado: la «diversidad» de las galaxias tempranas es mucho mayor de lo previsto —«esperabas que todas se parecieran, y resulta que no»—. Eso implica que quizá estamos metiendo en el mismo saco galaxias de etapas evolutivas muy distintas, sobrestimando así su grado de «precocidad».

Esto no es una «crisis»: es ciencia

Hay un comentario en el hilo de Hacker News que me pareció especialmente lúcido. El usuario «phyzix5761» criticaba el subtítulo del artículo de Quanta: «Los científicos han propuesto montones de nuevas teorías para explicarlo; ahora solo falta averiguar cuál es la correcta.» Escribió: «La ciencia no consiste en encontrar la teoría “correcta”, sino en descubrir lo que es falso e ir construyendo modelos con lo que queda. Jamás podremos tener la certeza de haber alcanzado la “verdad”, porque eso cerraría la puerta a que la ciencia futura derribara nuestras creencias.»

La frase es categórica, pero el fondo es impecable. Esta «crisis» que ha traído el Webb no es más que el método científico funcionando según lo previsto: construyes un instrumento mejor, ves cosas que antes no veías, el modelo viejo se queda corto, propones ideas nuevas, haces simulaciones, esperas más datos… y vuelta a empezar.

Como dijo Charlotte Mason, del Cosmic Dawn Center de Copenhague, mientras dibujaba esquemas durante la entrevista: «¿Y ahora qué? Volvemos a empezar.»

Esa es, justamente, la señal de que una disciplina está en su momento más fértil.

Lecturas adicionales

Si quieres profundizar, recomiendo estos recursos:


Enlaces de referencia:

Este artículo se basa en el reportaje de Jay Bennett para Quanta Magazine (2 de julio de 2026), en la discusión de la comunidad de Hacker News y en los datos científicos públicos de NASA/ESA/CSA. Todas las declaraciones de científicos citadas proceden del artículo original de Quanta. Los derechos de las imágenes pertenecen a sus fuentes originales.