3.000 millones de matrículas escaneadas al mes: Los estadounidenses empiezan a neutralizar las cámaras de Flock Safety

3.000 millones de matrículas escaneadas al mes: Los estadounidenses empiezan a neutralizar las cámaras de Flock Safety

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Fuentes:HN + Guardian · HN

En una noche de finales de junio de 2026, un joven que se hace llamar “NoMark” en Instagram permaneció agazapado durante una hora entera entre los arbustos junto a una calle de Minneapolis, observando fijamente una cámara negra montada en un poste.

Tras asegurarse de que no circulaba ningún vehículo, trepó al poste, cubrió el lente con cinta adhesiva y cortó el cable de alimentación que conectaba la cámara con su panel solar, registrando todo el proceso con su teléfono móvil. Al día siguiente, el video publicado en su red social alcanzó millones de reproducciones.

NoMark no es un hacker ni un experto en tecnología. Con más de 700.000 seguidores en Instagram, los medios locales suelen llamarle “el Batman de Minneapolis”, pues acostumbra a grabar intervenciones en las que detiene peleas callejeras o se adentra en fábricas que considera contaminantes. Sin embargo, en esta ocasión su objetivo era un dispositivo que se propaga a gran velocidad por todo Estados Unidos: las cámaras de reconocimiento de matrículas con IA de la empresa Flock Safety.

Cámara de vigilancia Flock vandalizada con la lente rota y escombros esparcidos

El pasado sábado 25 de julio, The Guardian publicó un reportaje en profundidad sobre este movimiento ciudadano que se extiende por todo el país: personas comunes que emplean diversos métodos para inutilizar las cámaras de Flock. Hemos analizado el artículo original, los debates técnicos en Hacker News (HN) y material de contexto para responder a una pregunta clave: ¿Qué hacen exactamente estas cámaras para que tanta gente esté dispuesta a arriesgarse a ser procesada penalmente con tal de destruirlas?

Cada vehículo que pasa queda registrado, y nadie sabe dónde están ubicadas

Fundada en 2017 y con sede en Atlanta, Flock Safety alcanzó en abril de este año una valoración de 8.400 millones de dólares, respaldada por firmas de capital riesgo punteras de Silicon Valley como Andreessen Horowitz y Tiger Global. La empresa se promociona como una herramienta para “ayudar a la policía a combatir la delincuencia”, instalando cámaras negras alimentadas por paneles solares en postes de la luz para fotografiar automáticamente las matrículas de los vehículos que transitan.

El sistema funciona como una red nacional interconectada de bases de datos de matrículas:

  • Cada cámara Flock fotografía las 24 horas del día, los 7 días de la semana, a todos los vehículos que pasan.
  • La IA reconoce automáticamente el número de matrícula y registra el modelo, color y marca del vehículo.
  • Los datos se almacenan en la base de datos en la nube de Flock (con un periodo de retención no revelado).
  • Los departamentos de policía colaboradores pueden consultar la base de datos en cualquier momento para rastrear el historial de ubicaciones de una matrícula concreta.

Según los datos difundidos por la propia Flock, el sistema realiza “miles de millones de escaneos al mes”, cubriendo unas 6.000 comunidades en casi todos los estados de EE. UU.

Desde una perspectiva de ingeniería, se trata de una infraestructura de vigilancia nacional desplegada a gran escala, lejos de ser un proyecto piloto aislado. Su valoración de 8.400 millones de dólares demuestra el enorme interés del capital riesgo en este modelo de negocio de “Seguridad como Servicio” (Security-as-a-Service).

Flock: «Es seguridad pública» frente a críticos: «Es vigilancia indiscriminada»

Presentamos los argumentos de ambas partes con imparcialidad:

La postura de Flock:

Flock sostiene que sus cámaras “no son herramientas de vigilancia masiva” y “no pueden rastrear vehículos, y mucho menos a personas individuales”. Su CEO, Garrett Langley, enfatizó en una publicación de blog en febrero que el propósito del sistema es proporcionar “alertas en tiempo real a la policía cuando pasa un vehículo sospechoso”, ayudando a esclarecer delitos con mayor rapidez. En su sitio web, la empresa afirma que puede “detener el delito en el instante en que ocurre”.

Langley ha criticado públicamente a los detractores acusándoles de “intentar normalizar la ilegalidad” y “debilitar la seguridad pública”.

Las objeciones de críticos y residentes:

En primer lugar, la falta de consentimiento. Las cámaras se instalan en zonas residenciales sin que los vecinos tengan capacidad de decisión. Habitualmente, los contratos los firman las jefaturas de policía o las asociaciones de vecinos (HOA) con Flock, por lo que muchos residentes ni siquiera saben que hay una cámara frente a su casa. Una organización ciudadana llamada DeFlock ha creado un mapa colaborativo que ya ha identificado más de 117.000 ubicaciones de cámaras ALPR.

En segundo lugar, el riesgo de abuso de datos. Existen múltiples casos documentados de agentes de policía que utilizaron la red de Flock para espiar a sus exparejas o rastrear a personas con fines privados. 404 Media informó la semana pasada de que la policía utilizó la función de búsqueda de Flock más allá de las matrículas, buscando características físicas como “tatuajes y camisetas específicas”.

En tercer lugar, el acceso indirecto por parte de las autoridades migratorias. Defensores de la privacidad temen que ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU.) pueda aprovechar vacíos legales para acceder al sistema y rastrear a inmigrantes.

«Villanos» y «Rebeldes»: El desequilibrio de poder

En el núcleo de este conflicto subyace un juego de poder asimétrico.

Flock cuenta con contratos policiales de cientos de millones de dólares, una valoración de 8.400 millones y una red comercial que cubre casi los 50 estados. Frente a ellos hay residentes sin formación técnica, sin presupuesto, sin equipo legal y, a menudo, sin saber dónde están instaladas las cámaras.

Sin embargo, Internet les ha proporcionado “armas asimétricas”:

En comunidades virtuales anti-Flock se comparten guías tácticas: el uso de láseres verdes (de 532 nm de longitud de onda) dirigidos al sensor CMOS para inutilizar el componente por sobrecalentamiento; archivos de impresión 3D para instalar viseras que bloquean el ángulo de visión de la cámara sin incurrir en delitos de daños a la propiedad; el pintado con aerosol de la lente junto con la colocación de banderas estadounidenses en los postes; e incluso la creación de notificaciones legales falsas de Flock para despistar a sus defensores.

Un detalle técnico relevante: destruir sensores de cámaras con láser no es ciencia ficción. Un láser verde de 532 nm con potencia suficiente (más de 5 W) puede destruir térmicamente los píxeles de un sensor CMOS, actuando en la práctica como un arma de energía dirigida contra sistemas ópticos. No obstante, esta acción acarrea cargos penales federales por daños a la propiedad en EE. UU.

The Guardian confirmó al menos 33 incidentes independientes de sabotaje deliberado de cámaras Flock en 23 estados.

Cámara Flock pintada con aerosol y desprendida de su soporte

Flock no se ha quedado de brazos cruzados. A mediados de julio, la empresa publicó una entrada en su blog sugiriendo que “estaban preparados”, ofreciendo planes de protección a clientes gubernamentales para reponer equipos dañados.

La policía también ha reaccionado. Centros de fusión de inteligencia en varios estados (organismos de intercambio de información entre el FBI y la policía local) han emitido alertas para vigilar las actividades anti-Flock bajo el marco de la “seguridad nacional”. Es decir, inutilizar una cámara de vigilancia se ha elevado, en determinados contextos, a la categoría de amenaza a la seguridad nacional.

Pese a ello, la resistencia obtiene avances por vías institucionales: más de 80 ciudades han rescindido, no renovado o rechazado contratos con Flock, incluyendo grandes metrópolis como Austin y Denver. Un legislador del estado de Texas presentó a principios de este mes un proyecto de ley para exigir a la policía una orden judicial antes de consultar los datos de Flock.

La rabia de sentirse observado

En Virginia, Jeffrey Sovern fue acusado de desactivar más de una docena de cámaras Flock. Declaró a la policía que consideraba que estos dispositivos eran inconstitucionales. Al recaudar fondos para su defensa en GoFundMe, escribió: “Espero que esto sirva de catalizador para una resistencia más amplia que expulse esta vigilancia invasiva.”

En Nuevo México, Jevon Martinez fue detenido tras ser acusado de destruir 13 cámaras Flock. Cuando un periodista local le preguntó si continuaría haciéndolo al salir en libertad, respondió rotundamente: “Por supuesto. Son una amenaza clara y presente para la seguridad pública.” Junto a una de las cámaras inutilizadas, alguien dejó una nota: “De nada. La República de Nuevo México.”

Resulta igualmente ilustrativo el cambio en la opinión pública en Internet. Cada vez que un saboteador es procesado, las secciones de comentarios se llenan de coartadas irónicas como: “Yo estuve allí y le vi ayudando a una anciana a cruzar la calle en ese preciso momento.”

El verdadero impulso de este movimiento proviene de una toma de conciencia colectiva: detrás de las cámaras hay un sistema comercial que recopila datos personales sin el consentimiento de la ciudadanía.

Reflexión del autor

Este conflicto evoca una máxima conocida: “La vigilancia en sí no es malvada; lo malvado es la vigilancia que se ejerce sin tu consentimiento.” El modelo de negocio de Flock instala esencialmente un peaje entre el espacio público y la privacidad individual, transformando los datos de desplazamiento de los ciudadanos en una mercancía consultable bajo el pretexto de la seguridad.

A nivel técnico, la tecnología ALPR (Reconocimiento Automático de Matrículas) no es nueva; los patrulleros policiales llevan años usando versiones móviles. La verdadera innovación de Flock ha sido la escala: convertir herramientas policiales aisladas en una red de vigilancia unificada, comercializada y operativa las 24 horas del día a nivel nacional. Desde la arquitectura de sistemas, es una aplicación prototípica del modelo de suscripción SaaS a infraestructuras públicas. Sin embargo, desde el punto de vista de los derechos civiles, carece del elemento esencial: el consentimiento informado.

El enfrentamiento continúa. Mientras el número de cámaras sigue aumentando a gran velocidad (con 117.000 mapeadas en DeFlock), la resistencia ciudadana se extiende al mismo ritmo. Los cargos penales y las campañas de comunicación no logran detenerla. Al fin y al cabo, cuando los dispositivos están repartidos por las calles de cada barrio, la velocidad de reparación jamás podrá competir con la velocidad de la destrucción.


Fuentes:

  • Reportaje de investigación de The Guardian: “Inside the growing vigilante movement to knock out Flock surveillance cameras”
  • Debate en Hacker News: “The growing vigilante movement to knock out Flock surveillance cameras”
  • Sitio web oficial del proyecto de código abierto DeFlock
  • 404 Media: “Cops used Flock search feature for tattoos and T-shirts”
  • EFF: “Local Communities Are Winning Against ALPR Surveillance”
  • Malwarebytes: “What the Flock is happening with license plate readers?”
  • Wikipedia: “Flock Safety”
  • “Dissection of Flock Safety Camera” — The Center for Human Rights and Privacy