Al contemplar la franja de la Vía Láctea en el cielo nocturno, pocos imaginarían que en lo más profundo de esa apacible nebulosa se está librando una carrera cósmica a velocidad vertiginosa. El 19 de agosto de 2026, la revista Nature publicó una investigación liderada por un equipo en colaboración con el Observatorio Europeo Austral (ESO): los astrónomos han descubierto S301, la estrella más rápida detectada hasta la fecha en la Vía Láctea.
Con una masa aproximadamente 1,5 veces la del Sol, S301 acelera al aproximarse al centro galáctico hasta alcanzar una velocidad pico de 25.000 kilómetros por segundo, lo que equivale al 8% de la velocidad de la luz. Esta cifra supera en unas 100.000 veces la velocidad de un avión comercial; en la Tierra, le bastarían unos pocos segundos para cruzar medio planeta.
S301 no solo destaca por su velocidad extrema, sino también por su órbita singular, que pasa rozando el objeto supermasivo situado en el corazón galáctico. Este arriesgado encuentro cercano proporciona a la comunidad científica la regla de medir que tanto tiempo llevaba buscando, ofreciendo por primera vez la oportunidad de calcular directamente a qué velocidad gira ese agujero negro de 4 millones de masas solares.
25.000 km/s: La estrella más rápida de la galaxia se precipita a las puertas del agujero negro
Sagittarius A* —el agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea, con una masa equivalente a 4 millones de soles— ha fascinado a los astrónomos durante décadas. Para observar de cerca su entorno, el equipo de colaboración internacional GRAVITY+ utilizó el Interferómetro del Very Large Telescope (VLTI) del Observatorio Europeo Austral, una red de grandes telescopios ópticos combinados capaz de captar luz 4.000 millones de veces más tenue que el límite del ojo humano.
Los astrónomos fotografiaron con claridad a S301 por primera vez en 2023. Al combinar las nuevas observaciones de los últimos dos años con datos históricos desde 2017, reconstruyeron una órbita elíptica alargada con un periodo de 8,7 años. Aunque el extremo más lejano de su órbita se extiende hacia las afueras, en el pericentro —su punto de máxima aproximación—, S301 pasa a solo 1.700 millones de kilómetros de Sagittarius A*.
Aunque 1.700 millones de kilómetros suena enorme a escala humana, al compararlo con el sistema solar se evidencia su extrema cercanía: es solo un poco más lejos que la distancia de Saturno al Sol (unos 1.400 millones de kilómetros). En el centro galáctico, donde las distancias se miden habitualmente en años luz, S301 está prácticamente rozando el borde del horizonte de sucesos.
Imagen: Ilustración: S301 (punto naranja) rozando el agujero negro central de la Vía Láctea. Fuente: MPE / Science News
¿Por qué medir la rotación de un agujero negro era como mirar sombras tras un cristal?
Medir la velocidad de rotación (el spin) de un agujero negro ha sido durante mucho tiempo uno de los mayores desafíos de la astronomía. La rotación moldea todo lo que rodea al agujero negro, pero los métodos de medición disponibles hasta ahora dependían de cálculos indirectos, de forma parecida a adivinar los movimientos de una persona tras una cortina tupida.
Hasta ahora, los científicos recurrían principalmente a dos vías indirectas: la primera consistía en analizar los rayos X emitidos por el disco de acreción (el disco de gas y polvo que gira a gran velocidad antes de caer al agujero negro por la intensa gravedad); la segunda buscaba detectar ondas gravitacionales (las fluctuaciones en el tejido del espacio-tiempo producidas por la colisión y fusión de dos agujeros negros).
Ambos métodos requieren introducir en ordenadores modelos físicos complejos e hipótesis iniciales, lo que provocaba que las estimaciones del giro generasen a menudo intensos debates académicos. El astrónomo Christopher Reynolds, de la Universidad de Maryland (no vinculado al estudio), señala que aunque los métodos indirectos tienen valor, esta estrella brinda a la humanidad la oportunidad de realizar una medición directa.
Imagen: Imagen de la órbita de S301 captada tras años de observaciones con el VLTI, con la órbita de Neptuno como referencia. Fuente: GRAVITY Collaboration/ESO / Science News
El vórtice que arrastra el espacio-tiempo: Una estrella rozando el borde convertida en regla de precisión
Según la Teoría de la Relatividad General de Einstein, un agujero negro supermasivo en rápida rotación no solo atrae la materia, sino que también deforma profundamente el espacio-tiempo a su alrededor. Este fenómeno se conoce como efecto de arrastre de marco (frame dragging), donde un objeto masivo en rotación arrastra consigo la estructura del espacio-tiempo.
Imagine el agujero negro como una cuchara que gira a toda velocidad dentro de miel densa: la miel circundante fluye en la misma dirección en que gira la cuchara. A medida que el agujero negro rota, el espacio-tiempo cercano es arrastrado, provocando que la órbita de los cuerpos celestes cercanos sufra una sutil desviación en la dirección de su trayectoria tras cada pasada.
Cuanto más cerca está la estrella y más rápido gira el agujero negro, más evidente resulta el impacto de este arrastre espacial sobre su órbita. Anteriormente, los astrónomos habían usado otras estrellas para medir la masa de Sagittarius A*, pero ninguna estaba lo bastante cerca como para percibir las leves perturbaciones provocadas por el giro. La llegada de S301 llena precisamente ese vacío, convirtiéndose en el puesto de observación más cercano conocido.
Imagen: Ilustración: Diferencia en la órbita de S301 cuando el agujero negro gira (abajo) frente a cuando no gira (arriba). Fuente: L. Calçada / GRAVITY Collaboration/ESO / Science News
¿Dieta regular o festín caótico? El secreto galáctico escondido en el giro
Determinar la velocidad de rotación del agujero negro es fundamental para comprender la historia evolutiva de toda la Vía Láctea. El giro registra cómo creció el agujero negro a lo largo del tiempo cósmico y determina de forma directa cómo los chorros de energía y los vientos interestelares influyen en la formación de nuevas estrellas en su entorno.
Laura Brenneman, astrónoma del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (ajena al estudio), utiliza una sugerente analogía: si el agujero negro gira a gran velocidad, indica que durante eones consumió gas de manera constante y en la misma dirección; si gira despacio, significa que engulló materia de forma caótica procedente de múltiples direcciones, como si hubiese disfrutado de un banquete desordenado.
Stefan Gillessen, astrónomo del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre y coautor del trabajo, afirma que el enorme potencial de esta estrella ha entusiasmado a todo el equipo. Si las observaciones futuras revelasen un valor de giro nulo o superior al límite marcado por la Relatividad General, podría incluso ponerse en duda la base de la física actual.
15 años de persecución: Tiempo a cambio de los datos cósmicos más puros
Medir las minúsculas desviaciones orbitales causadas por el arrastre del espacio-tiempo exige una enorme paciencia. Como S301 tiene un periodo orbital de 8,7 años, los astrónomos deberán seguir su trayectoria a lo largo de varias vueltas completas, estimando obtener los primeros datos concluyentes de rotación en los próximos 10 a 15 años.
Aunque es una tarea a largo plazo, evita los modelos teóricos complejos y extrae los datos directamente de la geometría del movimiento orbital real. Gracias a las observaciones continuadas del VLTI, cada pequeña desviación de la estrella en el pericentro quedará registrada con total precisión.
Perseguir a esta estrella récord consiste, en esencia, en utilizar un instrumento cósmico para leer el ritmo de rotación real del vórtice espaciotemporal. S301 actúa como una regla colocada en el mismísimo borde del agujero negro: a través del sutil desplazamiento de su órbita, la humanidad tiene por primera vez la oportunidad de escuchar directamente el ritmo de giro del gigante en el centro de la Vía Láctea.
Enlaces de referencia:
- Artículo en Nature: Discovery of a star sensitive to the spin of Sagittarius A*
- Comunicado oficial del Observatorio Europeo Austral (ESO)
- Reportaje científico en The Guardian
- Columna de astronomía en Science News