El ADN antiguo desvela el misterio: el guepardo americano era en realidad una especie hermana del puma

El ADN antiguo desvela el misterio: el guepardo americano era en realidad una especie hermana del puma

CienciaPaleontología

Fuentes:Science News + Current Biology

Ya sea visitando un zoológico o viendo documentales sobre la fauna salvaje, la imagen del guepardo siempre evoca extremidades estilizadas, una caja torácica aerodinámica y un cuerpo diseñado para carreras fulgurantes. En las salas de historia natural de Norteamérica, los paleontólogos solían señalar los esqueletos fósiles de un gran felino de la Edad de Hielo: el extinto guepardo americano (Miracinonyx trumani). Este depredador, que recorrió el continente durante el Pleistoceno tardío, compartía una estructura ósea tan semejante a la del guepardo africano actual (Acinonyx jubatus) que durante generaciones se asumió un parentesco evolutivo directo.

El 4 de septiembre de 2026, un estudio genómico publicado en la revista Current Biology desmoronó esa creencia centenaria. Un equipo del Laboratorio de Paleogenómica de la Universidad de California en Santa Cruz (UC Santa Cruz) logró extraer y secuenciar el genoma nuclear de Miracinonyx trumani. Los datos genéticos revelaron una verdad inesperada: este felino de apariencia idéntica a un guepardo era en realidad una especie hermana del puma actual (Puma concolor), el gran depredador felino que aún habita el continente americano.

La secuenciación de ADN antiguo revela la escisión: se separó del puma hace 2,6 millones de años

El equipo de investigación analizó restos fósiles conservados en la cueva Natural Trap de Wyoming y en el territorio del Yukón, en Canadá. Liderados por la primera autora Molly Cassatt-Johnstone y la investigadora principal Beth Shapiro, los científicos lograron recuperar y secuenciar ADN antiguo (ADNa), el material genético que resistió miles de años en el interior de los huesos.

Las estimaciones del reloj molecular indican que el guepardo americano y los pumas modernos divergieron hace aproximadamente 2,6 millones de años, un hito que coincide con la época en que los primeros ancestros humanos comenzaron a tallar herramientas rudimentarias de piedra. En contraste, la separación entre Miracinonyx y el verdadero guepardo africano (Acinonyx) se remonta a unos 4,7 millones de años atrás. El árbol filogenético demuestra sin lugar a dudas que Miracinonyx estaba mucho más emparentado con los pumas que con los guepardos africanos.

Históricamente, los paleontólogos observaban las extremidades largas, el esqueleto ligero y las fosas nasales dilatadas de Miracinonyx, deduciendo que representaba un linaje de guepardos africanos que había cruzado el estrecho de Bering hacia América. Los datos genómicos prueban que estas semejanzas anatómicas son un caso clásico de evolución convergente: dos linajes independientes que adoptan adaptaciones idénticas ante presiones ambientales similares. En las vastas llanuras y estepas norteamericanas, la necesidad de cazar presas sumamente veloces llevó a Miracinonyx a desarrollar un cuerpo adaptado al esprint de manera completamente independiente.

Guepardo americano persiguiendo a un berrendo Figura: Reconstrucción artística de un guepardo americano persiguiendo a un berrendo. Crédito: Velizar Simeonovski / UC Santa Cruz

Nuevos fósiles en el Círculo Polar Ártico: la población septentrional se alimentaba de pescado

El estudio examinó asimismo tres fósiles descubiertos en el territorio canadiense de Yukón —hallados en las cuevas de Bluefish y en Upper Quartz Creek— con una antigüedad de entre 23.000 y 31.000 años. Estos restos ampliaron el área de distribución conocida de la especie 20 grados de latitud hacia el norte, situándola en el mismo límite del Círculo Polar Ártico. Una extensión de 20 grados de latitud es colosal: equivale a descubrir que una especie típica de zonas subtropicales habitaba en la tundra ártica.

Para desentrañar de qué se alimentaban estos felinos del extremo norte, los investigadores recurrieron al análisis de isótopos estables en el colágeno óseo. La proporción entre el nitrógeno pesado (nitrógeno-15) y el nitrógeno ligero (nitrógeno-14) refleja el nivel trófico de un organismo: a mayor consumo de carne y mayor rango en la cadena alimentaria, mayor es la acumulación de nitrógeno pesado.

El resultado de los isótopos fue desconcertante: la población de Yukón presentó valores de nitrógeno-15 extraordinariamente elevados, comparables a los de depredadores marinos como las orcas. Esta firma química indica que los Miracinonyx del norte dependían primordialmente del pescado, aprovechando probablemente las remontadas fluviales de salmones. Por su parte, los ejemplares meridionales de Wyoming mostraron valores terrestres habituales, nutriéndose de mamíferos terrestres.

Reconstrucción artística de las diferencias dietéticas Figura: Reconstrucción artística que refleja las marcadas diferencias de dieta entre las poblaciones de Yukón y Wyoming. Crédito: Julius Csotonyi / UC Santa Cruz

El berrendo a 90 km/h: se tambalea la hipótesis del depredador fantasma

Este hallazgo obliga a revisar una de las ideas más célebres de la paleoecología: la hipótesis del «fantasma de los depredadores del pasado». El berrendo (Antilocapra americana), endémico de Norteamérica, puede rozar los 90 km/h, superando a los vehículos que transitan por las autopistas actuales. Dado que hoy en día ningún depredador norteamericano alcanza semejante velocidad, la comunidad científica asumió durante décadas que la velocidad extrema del berrendo fue moldeada en una carrera armamentística evolutiva frente al guepardo americano.

Los nuevos datos genómicos y dietéticos transforman esta narrativa. Las poblaciones del norte estaban especializadas en la captura de salmones, mientras que las del sur, al ser pumas genéticos, probablemente se inclinaban por la emboscada y el acecho antes que por persecuciones prolongadas en campo abierto. Estos datos sugieren que la velocidad supersónica del berrendo no evolucionó exclusivamente para huir de Miracinonyx.

Larisa DeSantis, paleoecóloga de la Universidad de Vanderbilt, destacó la asombrosa plasticidad ecológica demostrada por la especie. Desde pescar salmones en las inmediaciones del Ártico hasta acechar presas en las praderas templadas, el nicho ecológico de Miracinonyx fue mucho más variado y versátil de lo que la ciencia había imaginado.

Mapa de distribución fósil Figura: Mapa de distribución de fósiles de guepardo americano y nuevos puntos de muestreo. Crédito: M. Cassatt-Johnstone et al. / Science News

Declive genético durante cientos de miles de años: el golpe final del cambio climático

El genoma recuperado reveló además adaptaciones singulares. Los científicos identificaron mutaciones inactivadoras en genes reguladores del ritmo circadiano, responsables de modular el reloj biológico y los ciclos de sueño y vigilia. Esta alteración probablemente ayudó al animal a lidiar con los extremos fotoperíodos de noche polar y sol de medianoche en el Ártico. Además, Miracinonyx había perdido el receptor gustativo para el sabor ácido, siendo el primer caso documentado de pérdida de este sentido en un fósil de felino.

En cuanto a la extinción de la especie al cierre del Pleistoceno, solían plantearse catástrofes repentinas como causa principal. Sin embargo, la reconstrucción demográfica a partir del ADN nuclear ofrece otra explicación: a lo largo de cientos de miles de años, desde el Pleistoceno temprano hasta el tardío, la especie experimentó una merma lenta y continua de su diversidad genética.

No se observaron cuellos de botella abruptos ni signos de endogamia extrema. Como señala la investigadora principal Beth Shapiro, el declive constante de la diversidad genética mermó su capacidad adaptativa. Cuando el clima sufrió oscilaciones violentas al final de la última glaciación, la especie ya carecía de la flexibilidad evolutiva necesaria para resistir.

Molly Cassatt-Johnstone concluyó que el nombre de «guepardo americano» traía consigo una serie de asunciones ecológicas que no se sostienen en la realidad. La secuenciación de ADN antiguo ha desmontado décadas de confusión taxonómica: su estilizada anatomía corredora fue solo fruto de la adaptación convergente. Genéticamente y desde sus orígenes, siempre perteneció a la familia del puma.

Referencias:

  • Noticia en Science News
  • Comunicado de prensa de UC Santa Cruz
  • Artículo en Current Biology