El enigma de la Segunda Guerra Mundial sin resolver durante 21 años: descifrado por una IA en dos días

El enigma de la Segunda Guerra Mundial sin resolver durante 21 años: descifrado por una IA en dos días

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Fuentes:HN + web research

El 15 de septiembre de 2026, el modelo GPT-6 Astra de OpenAI descifró de forma totalmente autónoma y en apenas dos días un mensaje cifrado alemán de la Segunda Guerra Mundial conocido como MVUEH. Se trataba de un breve telegrama de solo 82 letras que, desde su catalogación en las bases de datos públicas de mensajes Enigma no resueltos en 2005, se había resistido a la comunidad criptográfica durante 21 años. A lo largo de las últimas dos décadas, innumerables aficionados y especialistas dedicaron ingentes recursos de cómputo a ataques por fuerza bruta sin lograr el menor éxito.

El verdadero valor de esta hazaña no radica únicamente en una demostración de músculo computacional. Por primera vez, un modelo de inteligencia artificial ha sido capaz de recorrer de principio a fin el flujo de trabajo de un investigador criptográfico profesional: desde la selección del objetivo y la recopilación de indicios históricos hasta la programación a medida de simuladores de la máquina Enigma y herramientas de descifrado Bombe en Python y C++, culminando con la consulta autónoma de las signaturas archivísticas originales en el Archivo Federal de Alemania (Bundesarchiv). La máquina ha dejado de ser un mero ejecutor de instrucciones para convertirse en un investigador digital con iniciativa propia.

El obstáculo que mantuvo bloqueados a los investigadores durante más de dos décadas no fue la invulnerabilidad matemática de la máquina Enigma. Lo que realmente desvió a todos los criptoanalistas humanos fue una simple errata del telegrafista original, sumada a un avance mecánico de bajísima probabilidad en el rotor izquierdo justo en la letra 72. Al construir sus hipótesis de búsqueda, los especialistas humanos descartaban sistemáticamente este tipo de irregularidades para reducir el espacio combinatorio. La IA, desprovista de prejuicios heurísticos, exploró pacientemente hasta agotar cada una de esas ramas descartadas.

21 años sin descifrar: el obstáculo de un giro anómalo en la letra 72

Para comprender por qué este breve telegrama de 82 letras resultaba tan intratable, es necesario remontarse al 10 de julio de 1941 en el frente oriental. A las 17:30 de aquella tarde, la estación de radio de intendencia de la división SS Totenkopf captó un mensaje corto del indicativo 2ny, registrado en el diario de operaciones bajo el número Nr. 172. El radiotelegrafista transcribió el texto cifrado, etiquetado como MVUEH, que quedó archivado durante décadas como uno de los pocos mensajes Enigma de la guerra que aún permanecían sin descifrar.

Figura: Máquina de cifrado Enigma alemana conservada hasta hoy Figura: Máquina de cifrado militar alemana Enigma conservada en la actualidad. Fuente: Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0 fr

El núcleo operativo de la Enigma descansa en un juego de rotores mecánicos de alta precisión. Cada vez que se pulsa una tecla, el mecanismo avanza un paso y altera las conexiones del circuito eléctrico interno, lo que puede dar lugar a más de 1,59 × 10^20 estados de configuración distintos. Al pulsar repetidamente la misma letra se obtienen caracteres cifrados completamente diferentes. En un mensaje corto de apenas 82 letras, los criptoanalistas humanos asumían de forma unánime que el rotor situado más a la izquierda —el más lento— nunca llegaría a dar un salto durante una transmisión tan breve. Esta premisa reducía el espacio de búsqueda por un factor de 26, pero al mismo tiempo cercenaba la única vía hacia la solución.

El rastreo exhaustivo de Astra sacó a la luz una curiosa realidad mecánica: al teclear la letra número 72 del mensaje, el rotor izquierdo alcanzó la muesca de salto y avanzó una posición. Este movimiento imprevisto dinamitaba todas las podas heurísticas clásicas. Mientras los expertos humanos descartaban los escenarios de baja probabilidad para ahorrar cómputo, la máquina recorrió cada recoveco físico de los engranajes hasta dar con el giro oculto.

Un mensaje gemelo y un crib de quince letras: el anclaje de un topónimo repetido

La fuerza bruta pura no basta para abarcar el astronómico espacio de claves de Enigma; Astra necesitaba contexto histórico. Al rastrear los registros de la época, el modelo localizó otro mensaje transmitido ese mismo día: el número 173 (denominado SIPVX). Ese telegrama de 94 letras había sido descifrado el 9 de junio de 2017 por el investigador Alex Shovkoplyas. Astra detectó de inmediato que el entorno de transmisión y el contexto táctico de ambos despachos coincidían de lleno, deduciendo que muy probablemente procedían del mismo destacamento de transmisiones.

Sin embargo, las configuraciones de clave de ambos mensajes no eran idénticas. Aunque compartían el orden de los rotores (512), las conexiones del clavijero (stecker) y las posiciones de los anillos diferían sensiblemente. Aplicar los parámetros de SIPVX directamente a MVUEH era inviable. Astra puso entonces el foco en los patrones del texto en claro y apostó por un crib (fragmento conocido de texto sin cifrar) de alto riesgo: el topónimo repetido “ROSENOW ROSENOW”. En el código militar alemán, Rosenow identificaba tanto un municipio como un distrito administrativo; repetirlo era el equivalente telegráfico a escribir “NUEVA YORK NUEVA YORK”.

Apostar por un anclaje de quince letras (espacio incluido) conllevaba un enorme riesgo computacional: si esa cadena no aparecía en el texto original, todo el cálculo posterior resultaría inútil. No obstante, Enigma tenía un fallo de diseño insalvable: una letra jamás podía cifrarse a sí misma. Gracias a este principio, cuanto más largo es el crib, más configuraciones erróneas pueden descartarse. Astra programó sobre la marcha simuladores de Enigma y algoritmos virtuales de la Bombe en Python y C++. Apoyándose en el topónimo repetido, cercó el inmenso espacio de claves y extrajo la configuración exacta.

Figura: Réplica de la Bombe de Turing en Bletchley Park Figura: Réplica de la Bombe de Turing-Welchman en Bletchley Park. Fuente: Wikimedia Commons, CC BY 2.5

El texto en claro reveló un cúmulo de despistes humanos. El mensaje rezaba: “Btte Marschweg angeben. Bin in Rosenow, Rosenow. Sofort drahten. Waschbusch.” (“Indiquen ruta de marcha. Estoy en Rosenow, Rosenow. Telegrafíen de inmediato. Waschbusch.”) El operador había cometido una errata al pulsar el teclado, omitiendo una letra al escribir “Btte” en vez de “Bitte”, y prescindió además de la doble firma habitual en SIPVX. Estas anomalías redujeron la extensión de 94 a 82 letras, descolocando por completo los análisis clásicos de frecuencias.

Código escrito sobre la marcha y consulta directa de los legajos del archivo alemán

El aspecto que más desconcertó a la comunidad criptográfica fue la iniciativa investigadora demostrada por el modelo en archivos históricos. Para verificar la autenticidad del descifrado y contrastar su contexto, Astra indagó de forma autónoma en sistemas externos de fondos documentales. Sin intervención humana, localizó con precisión los números de legajo originales custodiados en el Archivo Federal de Alemania: RS 3-3/20a y RS 3-3/63b.

Dichas signaturas no estaban catalogadas en portales de referencia como Crypto Cellar. Los investigadores humanos debían buscar estos expedientes entre miles de microfilmes y documentos físicos. Frode Weierud, responsable de Crypto Cellar, reconoció que en su día tardó semanas enteras en certificar tales referencias. Astra, por su parte, completó la reescritura de los algoritmos, el cotejo de las hojas de transmisión y la verificación documental en menos de 48 horas.

Este hito representa un salto cualitativo en las capacidades de los modelos fundacionales. Conectar pistas fragmentarias con fuentes primarias y contrastar los libros de guardia supera con creces el papel de una mera calculadora. Una inteligencia digital que contrasta datos en un archivo histórico opera bajo la misma lógica metodológica que un criptoanalista trasnochando en Bletchley Park.

A continuación se comparan los procedimientos seguidos por los investigadores humanos y por GPT-6 Astra:

FaseFlujo de trabajo de los investigadores humanos (2005-2026)Flujo de trabajo de GPT-6 Astra (septiembre de 2026)Comparativa de tiempos
Selección del objetivoPublicación en foros y selección manual de mensajes sin descifrarAnálisis de las propiedades del criptograma y selección autónoma del mensaje gemelo Nr. 172Varios días en ambos casos
Planteamiento de hipótesisPoda basada en el sentido común; asunción de que el rotor izquierdo no avanzabaExploración sin podas subjetivas; construcción de un crib de alta confianza con topónimosMayor cobertura por parte de la IA
Desarrollo de herramientasDependencia de suites de descifrado Enigma de código abierto existentesCreación sobre la marcha de simuladores de Enigma y herramientas Bombe en Python y C++Sin desarrollo humano vs. pocos minutos para la IA
Investigación documentalConsulta manual de microfilmes y documentos físicos en los archivos alemanesBúsqueda autónoma en bases de datos documentales externas y localización de legajosSemanas para los humanos vs. horas para la IA

Debate en la comunidad y verificación abierta: auditoría implacable de los errores humanos

La publicación de los resultados se posicionó rápidamente en lo más alto de Hacker News, cosechando más de 500 votos positivos en cuestión de horas. En los comentarios surgieron dudas legítimas: algunos usuarios se preguntaron si un investigador humano habría descifrado el mensaje previamente y OpenAI habría adquirido el hallazgo como reclamo publicitario. A la vista de ciertas estrategias promocionales en el sector tecnológico, la comunidad debatió este escepticismo con notable comprensión.

Sin embargo, las evidencias técnicas son completamente reproducibles. La comunidad planteó la prueba de verificación definitiva: cifrar de nuevo el texto en claro descubierto utilizando los ajustes de rotor y las claves indicadas por Astra. La salida coincidió al milímetro con el criptograma original: ICRVSORMCCWQTATYEVFXDBZGGSNXWLPSYWZYTCBSWULRTBZCVGODVJUSLSOOMJQJZSXSEBZPEYMDNXJYTC. Asimismo, otros desarrolladores afirmaron haber reproducido localmente todo el procedimiento con Gemini 3.8 Flash en tan solo 45 minutos.

Un enigma de 82 caracteres resistió los envites de la criptografía durante 21 años. Al enfrentarse a él, la inteligencia artificial no recurrió a ningún artificio mágico: se limitó a revisar minuciosamente las esquinas que los humanos consideraban demasiado tediosas para comprobar. No pasó por alto el insólito giro del rotor en la posición 72 ni se atascó con la “i” omitida por el telegrafista. En esta batalla de cifras con 85 años de historia, la máquina no superó al ser humano por brillantez intelectual, sino porque jamás se cansa de probar.

Enlaces de referencia:

  • The MVUEH break
  • Debate en HN (item?id=49801324)