Un remedio medieval neutraliza superbacterias: la terapia multidiana redefine la investigación de antibióticos

Un remedio medieval neutraliza superbacterias: la terapia multidiana redefine la investigación de antibióticos

CienciaSalud

Fuentes:Science News + mSphere

Cuando sufrimos una inflamación cutánea y acudimos a la consulta médica, lo habitual es salir con una receta de antibióticos. Para la gran mayoría, unos pocos días de tratamiento bastan para recuperarse por completo. Pero, ¿qué ocurriría si de pronto los antibióticos dejaran de funcionar? Una herida insignificante podría transformarse rápidamente en una infección potencialmente mortal.

Las infecciones provocadas por bacterias resistentes a los medicamentos ya causan directamente más de un millón de muertes cada año. Solo en 2021, 4,71 millones de fallecimientos en todo el mundo estuvieron vinculados a bacterias resistentes, lo que equivale a borrar del mapa a la población entera de una gran metrópoli en doce meses. Las previsiones médicas estiman que entre 2025 y 2050 el número acumulado de muertes por infecciones resistentes podría rozar los 170 millones, poniendo en grave peligro a un contingente humano equivalente a dos grandes países juntos.

Ante la amenaza creciente de las superbacterias, los científicos han vuelto la mirada hacia un manual médico de hace diez siglos. Un manuscrito milenario custodiado en la British Library está aportando claves insospechadas a la investigación contemporánea.

Científicos recrean en el laboratorio un remedio milenario de la British Library

Entre los fondos de la British Library se conserva un códice medieval en pergamino titulado Bald’s Leechbook («El libro de remedios de Bald»). El tratado recoge una curiosa receta para combatir dolencias oculares: picar en partes iguales ajo y puerro (o cebolla), mezclarlos con vino y bilis de buey, y dejar reposar la mezcla en un recipiente de latón durante nueve días. Ese periodo de nueve días otorga el tiempo necesario para que los iones de cobre desprendidos del latón actúen como catalizadores químicos entre los ingredientes naturales.

Bald's Leechbook manuscrito Fig.: Página manuscrita de Bald’s Leechbook, tratado médico del siglo X. Fuente: Science News / The British Library Board

Considerada durante siglos como una mezcla folclórica con tintes de curanderismo, la receta nunca se había tomado en serio, hasta que el equipo de la microbióloga Freya Harrison, en la Universidad de Warwick, decidió ponerla a prueba. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones milenarias, elaboraron el ungüento en un laboratorio moderno.

Los investigadores machacaron ajos y cebollas, añadieron vino y bilis bovina, y dejaron madurar el brebaje en recipientes de latón. Tras nueve días de reposo, el líquido desprendía un olor penetrante y fétido, pero su eficacia bactericida en las placas de Petri dejó atónito a todo el equipo.

Ajo, cebolla y bilis bovina aniquilan superbacterias de máxima prioridad

En los primeros ensayos realizados en 2015, el bálsamo histórico demostró una capacidad destructiva asombrosa. No solo eliminó sin dificultad las cepas comunes de Staphylococcus aureus (causa frecuente de infecciones dérmicas y respiratorias), sino que aniquiló por completo al Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM o MRSA), la temida superbacteria responsable de cuadros graves de necrosis cutánea.

El 3 de septiembre de 2026, el equipo de Harrison publicó un nuevo estudio en la revista científica mSphere, poniendo a prueba el ungüento frente a enemigos todavía más esquivos en el ámbito clínico. Entre ellos figuran Acinetobacter baumannii, patógeno oportunista que hace estragos en las unidades de cuidados intensivos, y Pseudomonas aeruginosa, una bacteria conocida por causar infecciones purulentas sumamente difíciles de erradicar en heridas abiertas.

Estos tres patógenos figuran en la lista de máxima prioridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) frente a la resistencia bacteriana. Frente a estos gigantes de la clínica médica, el extracto medieval mantuvo tasas de letalidad extraordinariamente altas.

Recreación moderna de la fórmula del siglo X Fig.: Recreación moderna de la fórmula del siglo X: ajo, cebolla, bilis de buey y vino reposados durante 9 días en un recipiente de latón. Fuente: Science News

Ruptura de membranas y bloqueo de comunicación: el cuádruple ataque contra las bacterias

¿Cómo puede una mezcla de ingredientes cotidianos desatar un poder que supera con creces el de cualquiera de sus partes aisladas? Valiéndose de secuenciación genómica y microscopía avanzada, los científicos trazaron el mapa del ataque molecular del preparado:

En primer lugar, los principios activos del ungüento perforan la membrana celular bacteriana, la barrera lipídica externa que protege el interior del microorganismo. Al abrir brechas en esta muralla defensiva, el contenido vital de la bacteria se derrama con rapidez al exterior.

En segundo lugar, la fórmula altera la expresión de cientos de genes bacterianos. Inhibe de forma drástica la síntesis de adhesinas (las proteínas de anclaje con las que la bacteria se aferra a los tejidos humanos) y de factores de virulencia (las toxinas que segrega para destruir las células del huésped).

En tercer lugar, el preparado paraliza las bombas de expulsión activa (bombas de eflujo), los mecanismos de transporte mediante los cuales las bacterias expulsan por la fuerza los fármacos que entran en su citoplasma. Desactivar este mecanismo neutraliza una de sus armas de defensa más sofisticadas.

En cuarto lugar, los compuestos cortan la percepción de quórum (quorum sensing), el sistema de señales químicas mediante el cual las bacterias se comunican para sincronizar sus ataques. Al verse privadas de comunicación, pierden la capacidad de formar biopelículas (biofilms), la densa capa viscosa con la que crean escudos frente a fármacos y defensas inmunitarias. Incluso a concentraciones mínimas, el ungüento impide la formación del biofilm, dejando a las bacterias completamente expuestas y vulnerables.

Dos semanas de evolución forzada: los antibióticos estándar ceden, el bálsamo milenario resiste

En el desarrollo de fármacos antimicrobianos, erradicar bacterias en una placa es solo el primer paso; el auténtico reto estriba en evitar que los patógenos desarrollen resistencias. Para comprobar si las bacterias podían adaptarse al ungüento medieval, el equipo diseñó un experimento de evolución forzada de dos semanas.

Las bacterias fueron sometidas de forma continuada a concentraciones subletales del preparado, aumentando la dosis de manera progresiva a lo largo de varias generaciones. Tras dos semanas, la tolerancia de las bacterias a los antibióticos convencionales monodiana se disparó entre 8 y 16 veces por encima de su valor inicial.

Frente al ungüento medieval, en cambio, las bacterias se toparon con un muro infranqueable. Tras dos semanas de presión dosificada creciente, la sensibilidad de las bacterias apenas registró variaciones. Fueron incapaces de articular una respuesta defensiva eficaz.

Omar El-Halfawy, microbiólogo de la Universidad de Regina en Canadá que no participó en el estudio, destacó que la disparidad en el ritmo de evolución de las resistencias es asombrosa. Harrison explica que, para sobrevivir a la fórmula medieval, una bacteria tendría que mutar simultáneamente múltiples genes en rutas fisiológicas independientes dentro de un solo ciclo reproductivo, una probabilidad estadística prácticamente nula.

De buscar balas mágicas a crear cócteles moleculares: romper el estancamiento de las resistencias

Los investigadores recalcan que este trabajo no debe interpretarse como una invitación a hervir ajo y bilis caseros. Harrison advirtió con firmeza que las preparaciones caseras entrañan serios riesgos de dosificación irregular y contaminación bacteriana, por lo que bajo ningún concepto deben aplicarse sobre heridas abiertas.

La trascendencia real del experimento reside en el giro conceptual que ofrece a la farmacología moderna. Durante décadas, la industria ha buscado «balas mágicas»: moléculas puras y únicas dirigidas a una diana biológica concreta. Sin embargo, a las bacterias les basta una mutación puntual en un solo gen para inutilizar fármacos desarrollados a lo largo de años y con costes millonarios.

El coste socioeconómico de la resistencia a los antibióticos es desorbitado. En 2019, los gastos médicos directos a nivel mundial alcanzaron los 700.000 millones de dólares, a los que se sumaron otros 200.000 millones en pérdidas de productividad: cerca de un billón de dólares arrojados al vacío cada año.

El ungüento del siglo X demuestra la potencia de la sinergia molecular multidiana. El objetivo futuro de los científicos es purificar y estandarizar sus componentes clave para formular cócteles multidiana bien definidos, cuya seguridad se evaluará en fases preclínicas.

En lugar de esperar pasivamente un antibiótico milagroso que las bacterias acabarán burlando, avanzar hacia cócteles de dianas múltiples y cerrar todas las vías de escape permitirá a la humanidad recuperar la delantera en la batalla contra las infecciones.

Enlaces de referencia:

  • Cobertura en Science News
  • Artículo original en mSphere