Las arañas también mueven los ojos al dormir: descubren sueño en dos fases en Portia

CienciaAnimales

Fuentes:Nature + PNAS + ABC News

Cualquiera que haya convivido con un perro o un gato conoce bien la escena. Mientras la mascota duerme plácidamente sobre la alfombra, los bigotes tiemblan de repente y las patas se agitan suavemente en el aire. Tendemos a dar por hecho que sueña con atrapar pájaros. En biología, soñar se vincula habitualmente a la fase MOR (movimiento ocular rápido o REM, por sus siglas en inglés), un estado fisiológico de sueño profundo acompañado de oscilaciones oculares rápidas y atonía muscular esquelética.

Casi nadie relacionaría los sueños con los artrópodos. En el imaginario común, las arañas se perciben como criaturas gobernadas por ganglios microscópicos del tamaño de un grano de arroz. Sin corteza cerebral y sin párpados para cerrar, parecía imposible que pudieran experimentar ciclos de sueño profundo multifásico.

El 26 de octubre de 2026, las ecólogas del comportamiento Daniela Rößler y Nadja Geiger, de la Universidad de Bonn, publicaron en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) los resultados de una investigación pionera. Empleando cámaras nocturnas infrarrojas para vigilar a arañas saltarinas suspendidas y realizando pruebas de despertar acústico repentino, el equipo aportó la primera evidencia conductual concluyente de sueño en dos fases en arácnidos.

Espasmos suspendidas de un hilo de seda: la cámara infrarroja capta fases de sueño

La protagonista de esta investigación es Portia fimbriata, una pequeña araña saltarina diurna de entre 5 y 10 milímetros, nativa de las selvas tropicales del norte de Australia, célebre por su extraordinaria agudeza visual y su especialización en cazar a otras arañas. En entomología, Portia se considera un prodigio cognitivo del micromundo, capaz de calcular rodeos complejos para tender emboscadas durante el día gracias a una formidable percepción espacial.

Sin embargo, al caer la noche, esta veloz cazadora adopta una actitud insólita. Segrega un hilo de seguridad bajo la vegetación y se deja colgar cabeza abajo en el aire para dormir. Esta suspensión aérea la protege de depredadores terrestres y, al mismo tiempo, brindó a las investigadoras un campo de visión despejado y limpio.

Araña saltarina durmiendo suspendida boca abajo Figura: Araña saltarina durmiendo colgada de un hilo de seda; sus patas y ojos son claramente visibles. Fuente: Nature (Foto de Daniela C. Rößler)

A lo largo de miles de horas de grabación infrarroja, las investigadoras constataron una alternancia rítmica inequívoca. El descanso nocturno de Portia se divide en al menos dos etapas fisiológicas diferenciadas.

La primera es el estado de reposo o quiescencia (quiescent state), una fase de baja actividad donde el organismo permanece inmóvil durante largos períodos, reduciendo su metabolismo pero conservando la postura. En este estado, la araña cuelga inmóvil, acicalándose perezosamente las patas de vez en cuando. A medida que avanza la noche, su cuerpo cede ligeramente a lo largo del hilo de seda, entrando en un letargo profundo.

La segunda etapa interrumpe de súbito esa calma nocturna. Tras diez o veinte minutos inmóvil, el cuerpo suspendido de la araña experimenta un cambio radical: sus ocho patas se repliegan hacia el centro, los extremos distales tiemblan con un ritmo regular y el cuerpo sufre espasmos involuntarios. Estos episodios de temblores duran entre unos segundos y varios minutos, hasta que las extremidades se relajan de nuevo y la araña regresa a la quiescencia.

Indiferentes al ruido: el umbral de despertar confirma el sueño verdadero

Registrar espasmos corporales en vídeo no basta por sí solo para probar un sueño auténtico. En fisiología animal, el criterio para distinguir un simple letargo pasivo de un sueño reparador es el umbral de excitación o despertar (arousal threshold): la intensidad mínima de un estímulo externo requerida para despertar al animal. Si solo está descansando despierto, cualquier sonido lo pone en fuga al instante; durante el sueño genuino, el sistema nervioso central bloquea los estímulos sensoriales y la reactividad decae drásticamente.

Para comprobar si Portia dormía de verdad, el equipo de Bonn diseñó ensayos de despertar acústico. Emitieron ruidos estridentes e inesperados mediante generadores de sonido dirigidos a las arañas en tres estados: despiertas y atentas, en reposo quiescente (inmóviles durante más de 15 minutos) y en plena fase de espasmos, registrando las respuestas evasivas con cámaras de alta velocidad.

Ejemplar vivo de Portia fimbriata Figura: Ejemplar de Portia fimbriata del norte de Australia, que puede alcanzar los 10 mm de longitud. Fuente: ABC News / iNaturalist (Foto de Kurtese Templeton, CC BY-NC 4.0)

Los resultados evidenciaron diferencias contundentes. Las arañas despiertas reaccionaron al instante al ruido, adoptando posturas de huida o defensa. Las que estaban en reposo mostraron una demora notable en su respuesta. Pero durante la fase de espasmos corporales, las arañas exhibieron una insensibilidad sorprendente al estruendo; varios ejemplares ni siquiera llegaron a iniciar un solo movimiento de evasión.

Esta dificultad para reaccionar al despertar guarda una enorme similitud con la inercia del sueño (sleep inertia) en humanos: ese estado de torpeza sensorial y motora al despertar bruscamente del sueño profundo o REM. El aumento exponencial del umbral de despertar y la presencia de inercia del sueño confirmaron desde el prisma conductual que Portia se encuentra en un sueño profundo durante los espasmos, con los canales sensoriales desconectados por mecanismos fisiológicos.

Exoesqueleto translúcido: el movimiento retiniano delata la fase tipo REM

Ya en 2022, el equipo de Daniela Rößler había reportado en PNAS indicios de fases tipo REM en arañas saltarinas. Aquella pista procedía de la singular anatomía de las crías recién eclosionadas.

En los humanos, la fase REM se detecta a simple vista porque los globos oculares se mueven bajo los párpados. Las arañas saltarinas adultas, en cambio, poseen una coraza cefálica opaca y rígida con ocelos incrustados como cuentas de vidrio; carecen de párpados y sus ojos no rotan en órbitas.

Sin embargo, las crías jóvenes poseen un exoesqueleto translúcido. A través de la cabeza cristalina, el microscopio permite examinar directamente las estructuras internas. Las investigadoras descubrieron que las retinas fotorreceptoras de la araña descansan al extremo de unos conductos musculares móviles denominados tubos retinianos (retinal tubes), que basculan para enfocar y desplazar el campo visual.

Las grabaciones microscópicas de 2022 mostraron que las crías dormidas replegaban las patas mientras sus tubos retinianos se agitaban velozmente en el interior de la cabeza. Al carecer entonces de pruebas de despertar conductual, la comunidad científica no pudo descartar por completo que se tratara de espasmos musculares pasivos.

Los experimentos acústicos de 2026 han aportado por fin la pieza que faltaba. Desde el movimiento ocular bajo el cráneo transparente de las crías hasta la desconexión sensorial y los temblores en los adultos, el sueño en dos fases en los arácnidos cuenta ahora con respaldo fisiológico y de comportamiento.

500 millones de años de divergencia: dos sistemas nerviosos, un mismo fin

Thomas White, entomólogo de la Universidad de Sídney, señaló que esta representa la prueba conductual de sueño más completa obtenida jamás en arácnidos. White apuntó que, al ver temblar a un perro en la alfombra, nadie duda de que está soñando; ante artrópodos con un distanciamiento evolutivo mayor, la ciencia no tiene motivos válidos para rechazar la misma deducción.

El hallazgo ensancha los horizontes de la biología evolutiva. El ancestro común entre artrópodos y vertebrados data de hace más de 500 millones de años, en los albores del Cámbrico temprano. A lo largo de eras geológicas, cada linaje tomó rumbos divergentes: los vertebrados desarrollaron una médula espinal y una corteza cerebral complejas; los artrópodos apostaron por exoesqueletos y pequeños ganglios descentralizados.

Dos arquitecturas neuronales completamente distintas ejecutan bajo la noche programas de sueño notablemente afines. Que sistemas nerviosos tan distantes hayan desarrollado por separado estados de calma y fases tipo REM (caracterizadas por temblores corporales y movimientos oculares en animales sin corteza) sugiere que los pilares del sueño estructurado se forjaron hace más de medio millar de millones de años.

La presencia de estos ritmos en el microcosmos confirma el valor evolutivo universal de alternar fases de sueño. Tanto si un cerebro cuenta con miles de millones de neuronas corticales como si opera con decenas de miles de células nerviosas, los circuitos biológicos precisan ciclos periódicos para procesar señales sensoriales y resetear la carga bioquímica de sus sinapsis.

Del laboratorio a la jungla: cámaras infrarrojas en plena selva

Aunque los recipientes plásticos a temperatura controlada ofrecen estabilidad experimental, no reflejan las presiones reales del medio salvaje. Por ello, el equipo de Rößler planea trasladar sus equipos infrarrojos a las selvas tropicales del norte de Queensland y de Australia Occidental.

En la maleza viva, una araña de menos de un centímetro libra una batalla diaria por la supervivencia. Durante el día depende de su vista para cazar; de noche debe sortear depredadores continuos. Los investigadores buscan averiguar cómo distribuyen las arañas silvestres el tiempo entre el sueño profundo y la vigilancia ambiental.

La polución lumínica representa otra amenaza creciente. Con la expansión de carreteras e infraestructuras junto a los bosques tropicales, la luz artificial nocturna (ALAN) perturba el reloj biológico de artrópodos diurnos. Si una araña atrapada en plena inercia del sueño se ve expuesta a focos potentes, tanto su capacidad de escape como la regeneración de sus circuitos neuronales podrían verse gravemente afectadas.

Una diminuta araña suspendida de una rama nos desvela los misterios del ritmo nocturno en la microescala. Que las arañas posean sueño bifásico demuestra que el sueño estructurado surgió hace más de 500 millones de años en la evolución. Mientras la oscuridad envuelve la selva, ese diminuto organismo colgado de un hilo de seda restaura en silencio su sistema nervioso, compartiendo con nosotros el pulso fundamental de la vida.

Enlaces de referencia:

  • Noticia en Nature: “Spider snooze stages”
  • Artículo en PNAS: “Behavioral evidence for two-stage sleep in spiders”
  • Reportaje científico de ABC News: “Scientists video REM-like sleep in Australian jumping spider species”