Tras los devastadores incendios forestales de Los Ángeles en 2025, un grupo de guionistas y productores lanzó una petición titulada #StayInLA (Quédate en Los Ángeles). En poco tiempo superó las 20.000 firmas, respaldada por destacadas figuras del cine. Las voces más influyentes de la industria suplicaban que las producciones se quedaran en casa. Sin embargo, los datos reflejan una realidad muy distinta: casi la mitad de las superproducciones de Hollywood con presupuestos superiores a 200 millones de dólares se ruedan hoy íntegramente fuera de Estados Unidos, mientras que solo el 22% se filma de principio a fin dentro del país.
El autor de este estudio de datos, Daniel Parris —exbecario de un programa nocturno de televisión que presenció de primera mano el vacío de los estudios de Warner Bros.—, analizó datos del sector recopilados durante más de una década. Su conclusión contradice la creencia popular: los incendios y las huelgas fueron solo detonantes; el declive de la producción en Los Ángeles responde a estructuras económicas fraguadas hace décadas.
Cómo Hollywood se convirtió en “Hollywood”
Para entender el presente, conviene repasar la historia. Hace más de un siglo, el centro de la industria cinematográfica estadounidense estaba en Nueva York. En la década de 1910, los cineastas emigraron en masa a Los Ángeles por razones prácticas: sol todo el año, terrenos baratos y distancia respecto a las demandas de patentes de Thomas Edison en la costa este.
Una vez instalados, los estudios convirtieron la producción de películas en una cadena de montaje. Con escenarios permanentes y equipos contratados, estrenaban entre cuatro y seis películas al año por estudio, priorizando la velocidad y el ahorro de costes al estilo del Modelo T de Henry Ford. La era dorada de Hollywood fue, en esencia, una fábrica de cine.
El punto de inflexión llegó en los años 70. Películas evento como Tiburón y La guerra de las galaxias demostraron que las grandes producciones generaban ingresos masivos. En los años 80, los estudios pasaron a la fabricación sistemática de superproducciones. Tras el año 2000, franquicias como el Universo Cinematográfico de Marvel se convirtieron en la norma, elevando los presupuestos con cada entrega. Las grandes superproducciones exigían rodajes exteriores más lejanos y los costes se dispararon. Fue entonces cuando entraron en juego los incentivos fiscales (tax credits).
Figura: La cuota de películas estadounidenses rodadas en California ha disminuido de forma constante desde la década de 1950. De la cuota restante en el estado, Los Ángeles representa la mayor parte. Fuente: statsignificant.com
A dónde se va el dinero: La carrera por los subsidios
Los incentivos fiscales funcionan con un principio sencillo: si ruedas aquí, te devolvemos un porcentaje de lo que gastes. Georgia, Canadá, el Reino Unido, Hungría y otras regiones comenzaron a competir abiertamente ofreciendo reembolsos del 30%, 35% o 40%.
¿A cuánto asciende este ahorro? Parris calculó el ahorro medio según la escala de presupuesto. Una superproducción de más de 200 millones de dólares ahorra un promedio de 64 millones de dólares al rodar en Vancouver, 56 millones en Atlanta, 53 millones en Budapest o Praga y 49 millones en Londres. Incluso las películas de presupuesto medio (entre 50 y 100 millones) ahorran unos 17 millones en Vancouver.
Para una película con un coste de cientos de millones de dólares, estos ahorros determinan dónde se colocan las cámaras. El dinero ahorrado en impuestos permite contratar a actores más famosos o añadir efectos visuales más costosos. Como resultado, ha surgido una regla clara: cuanto mayor es el presupuesto, menos probable es que se ruede en EE. UU. En películas de 50 a 100 millones de dólares, el 48% se filma íntegramente en EE. UU.; en superproducciones de más de 200 millones, esa cifra cae al 22%.
Figura: Una superproducción de más de 200 M$ ahorra una media de 64 M$ en Vancouver y 56 M$ en Atlanta. Fuente: statsignificant.com
Además, esta carrera de ofertas no tiene fin. Varios comentaristas en Hacker News señalaron que Disney trasladó recientemente las producciones de Marvel desde Atlanta al Reino Unido porque los incentivos británicos eran superiores. Incluso las ciudades que crecieron gracias a los subsidios están perdiendo terreno frente a destinos más baratos. Es el clásico fenómeno de la “carrera hacia el fondo” (race to the bottom): los subsidios aumentan, las producciones siguen al dinero y la lealtad no existe.
¿Coincide la ambientación de la historia con el lugar de rodaje?
Mientras que las cuentas cuadran, la autenticidad visual se resiente.
El cine estadounidense actual desvincula cada vez más el lugar donde transcurre la trama del lugar real de rodaje. Los datos de Parris muestran que a mediados del siglo XX, casi el 70% de las películas estadounidenses se rodaban en la localización donde se desarrollaba la historia. En la década de 2020, esa cifra cayó al 40%. El horizonte de Toronto se hace pasar por Nueva York, las calles de Praga sustituyen a cualquier capital europea y una comedia romántica ambientada en Manhattan puede haber sido rodada en Nueva Orleans.
¿Se dan cuenta los espectadores o les importa? Parris realizó una prueba empírica: en tres escalas de presupuesto, comparó las valoraciones del público entre películas rodadas en la localización real y las rodadas fuera. Los resultados en las tres escalas fueron idénticos: no hay diferencia perceptible.
Figura: Independientemente del presupuesto, rodar en el lugar real donde transcurre la historia no tiene un impacto medible en las valoraciones del público. Fuente: statsignificant.com
¿Han empeorado las películas? El debate entre dos posturas
Esto plantea una pregunta inevitable: ¿se debe la percibida pérdida de calidad del cine de Hollywood al hecho de no rodar en Hollywood? El debate en línea se divide en dos corrientes principales:
| Postura | Argumento central | Opiniones típicas |
|---|---|---|
| Enfoque de calidad | La caída se debe al agotamiento creativo | Predominan las secuelas, remakes y reciclaje de IP; el rendimiento económico aplasta el riesgo creativo; proliferan los contenidos de baja calidad generados por IA |
| Enfoque de costes | La pérdida de calidad es consecuencia de la estructura de costes | El alto precio de los alquileres y el coste de vida son la causa raíz; la competencia de subsidios obliga a seguir el dinero; ninguna ciudad puede retener rodajes en un mercado global |
Ambas posturas aportan observaciones valiosas. Quienes defienden la postura de la calidad señalan los calendarios de estrenos: las historias originales y arriesgadas escasean, reemplazadas por secuelas seguras. Quienes defienden la postura de los costes apuntan a los balances financieros: Los Ángeles es la tercera ciudad más cara de EE. UU. Los equipos de rodaje, posproducción y estudios de VFX se trasladan a lugares más económicos. Según informes del sector en EE. UU., California perdió unos 42.000 empleos en cine y televisión entre 2022 y 2024.
Los economistas llaman a este fenómeno la “enfermedad de los costes” (cost disease). En sectores intensivos en mano de obra como el cine, la productividad difícilmente puede aumentar, mientras que los costes inmobiliarios y salariales suben sin cesar. A los estudios solo les queda reducir plantilla o trasladarse a mercados más baratos. Parris lo resume con claridad: si se rastrea el problema de Hollywood hasta su origen, todo se reduce a una palabra: los alquileres son demasiado altos.
Las plataformas de streaming han acelerado esta tendencia: las películas se estrenan simultáneamente en todo el mundo. Para el espectador en casa, la ciudad concreta que aparece en pantalla tiene cada vez menos peso en las decisiones de producción.
Qué significa esto para los espectadores
Volvamos a la perspectiva del público. Sentado en la sala de cine, lo que el espectador ve apenas ha cambiado: un equipo en Vancouver sigue produciendo una película de corte plenamente estadounidense, con actores estadounidenses e historias estadounidenses, aunque en platós y con subsidios extranjeros. La mayoría del público no distingue el horizonte de Toronto ni las calles de Praga, y los datos de valoración lo confirman.
Lo que realmente ha cambiado ocurre entre bambalinas: los carpinteros, electricistas, maquilladores y técnicos que trabajaban en los platós de Los Ángeles han visto cómo sus empleos emigraban junto a las subvenciones. Las películas continúan y el público sigue viéndolas; pero la “Ciudad del Cine” se está transformando gradualmente en un edificio de oficinas corporativas desde el que se gestiona el negocio global del cine.
Esta transformación no es una tragedia ni una victoria; es una larga migración. La casa sigue en pie, pero sus habitantes han cambiado. El tiempo dirá si el cambio fue acertado o no: los datos están sobre la mesa y el veredicto definitivo queda en manos del tiempo.
Enlaces de referencia:
- Stat Significant: How Hollywood stopped making movies in Hollywood
- Debate en HN (item?id=49082937)