Ni frenando el calentamiento en 1,5 °C se detendrá la pérdida del manto de hielo antártico
Al pasear durante el fin de semana por un paseo marítimo, el aumento del nivel del mar suele percibirse como una advertencia científica lejana. Sin embargo, un estudio publicado en Nature Geoscience acaba de trazar una frontera ineludible. Incluso si la comunidad internacional alcanza la meta más ambiciosa del Acuerdo de París y contiene el aumento térmico por debajo de 1,5 grados Celsius, la pérdida neta de masa del manto de hielo antártico durante este siglo ya ha quedado sellada.
La Antártida alberga la mayor reserva de hielo del planeta. Si se derritiera por completo, elevaría el nivel del mar global en aproximadamente 58 metros, lo que equivaldría a sumergir bajo el agua un edificio de 19 plantas. La pérdida de una mínima fracción de esa colosal masa basta para someter a una presión crítica los diques y las defensas costeras de todo el mundo.
Hasta ahora, calcular con precisión el límite inferior del deshielo representaba un reto formidable, ya que ejecutar una sola simulación física tradicional requería una ingente capacidad de supercomputación. Hoy, un equipo multidisciplinar de glaciólogos, oceanógrafos y científicos de datos ha empleado el aprendizaje automático para derribar ese cuello de botella. Sus cálculos demuestran que el incremento mínimo del nivel del mar ya es irreversible.
La IA analiza millones de futuros y los datos satelitales descartan las proyecciones erróneas
Para evaluar innumerables variables en un plazo viable, los investigadores recurrieron al aprendizaje automático (machine learning), entrenando algoritmos para deducir patrones físicos a partir de grandes volúmenes de simulación. A partir del archivo ISMIP6 (Proyecto de Intercomparación de Modelos de Capas de Hielo para CMIP6, que compila simulaciones de decenas de modelos físicos de todo el planeta), desarrollaron un modelo computacional guiado por leyes físicas.
Simulaciones que antes mantenían ocupados a los superordenadores durante días quedaron reducidas a fracciones de segundo. Esta velocidad permitió al equipo procesar millones de combinaciones y evaluar cientos de miles de escenarios futuros plausibles.
Tras generar este volumen masivo de proyecciones, el equipo fijó un riguroso criterio de selección: solo se consideraron válidos aquellos escenarios capaces de reproducir fielmente las mediciones empíricas de los satélites gemelos GRACE (Experimento de Clima y Recuperación de Gravedad), que desde 2002 miden desde el espacio las sutiles variaciones gravitatorias de la Tierra para calcular la masa de las capas de hielo.
Aquellos escenarios que no coincidían con las observaciones satelitales fueron descartados de inmediato. Los cientos de miles de escenarios supervivientes coincidieron en un veredicto inequívoco: durante el siglo XXI, el hielo que la Antártida pierde por fusión superará con creces las ganancias derivadas de nuevas nevadas.
Figura: Evolución de la masa del manto de hielo antártico registrada desde el espacio por los satélites GRACE de la NASA mediante gravimetría. Fuente: The Conversation / NASA
Ni las nevadas más intensas compensarán el colapso de las plataformas de hielo
En el debate climático del pasado pervivía una hipótesis aparentemente optimista: a medida que suben las temperaturas globales, una atmósfera más cálida retiene mayor humedad, lo que provocaría nevadas más copiosas sobre la Antártida. Ciertas teorías sostenían que la acumulación de nieve adicional podría compensar el hielo devorado por el calentamiento de las aguas oceánicas.
Sin embargo, las conclusiones del estudio refutan categóricamente esa hipótesis con datos directos. Las observaciones satelitales y los registros submarinos demuestran que el agua marina templada derrite la base de las plataformas flotantes a un ritmo mucho más acelerado que la acumulación superficial de nieve.
La fusión basal provocada por el calentamiento del océano se ha impuesto en el balance de masas. El contraste con las observaciones satelitales demuestra que las nevadas adicionales no salvarán a la Antártida: la pérdida neta de hielo ya es un hecho consumado por las leyes de la física.
Figura: Modelo de procesos en cascada que vincula el calentamiento oceánico, el adelgazamiento de las plataformas y la aceleración del flujo glaciar hacia el mar. Fuente: The Conversation, autor Yucheng Lin
25 centímetros de aumento del mar amenazan con anegar el hogar de millones de personas
Cuando el agua templada socava las plataformas de hielo en los márgenes costeros, desencadena un efecto dominó devastador. Al adelgazar o desmoronarse estas barreras flotantes, los glaciares situados tierra adentro pierden su contención natural y se deslizan hacia el océano con una celeridad vertiginosa. Cada episodio de deshielo acelera el siguiente derrumbe.
Bajo un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero, la contribución exclusiva del manto de hielo antártico podría añadir hasta 25 centímetros al nivel del mar global para el año 2100.
Una cota de 25 centímetros puede parecer modesta a simple vista, apenas a la altura de la pantorrilla. No obstante, desde la perspectiva de la ingeniería costera, cada incremento de 10 centímetros duplica la frecuencia de las inundaciones por marejadas ciclónicas extremas. En la actualidad, cerca de mil millones de personas habitan en regiones litorales, y cien millones viven a menos de un metro sobre el nivel del mar. La aportación de 25 centímetros procedente de la Antártida basta por sí sola para sumergir de manera permanente áreas donde residen más de diez millones de personas.
Cada tonelada de emisiones evitada gana un tiempo vital para las ciudades costeras
Los científicos advierten asimismo de que los modelos actuales continúan siendo prudentes. Procesos mecánicos cruciales, como la fractura y el agrietamiento estructural del hielo o la dinámica de los lagos y ríos subglaciares, aún no han sido plenamente incorporados en las ecuaciones, por lo que el ritmo real de pérdida podría superar las estimaciones.
Que el umbral mínimo de deshielo sea irreversible no significa que debamos claudicar en la descarbonización. Cada tonelada de gases de efecto invernadero que la humanidad consiga evitar hoy ralentiza la velocidad del deshielo, otorgando a las urbes costeras un margen decisivo para levantar defensas y adaptar sus infraestructuras.
Limitar el calentamiento a 1,5 °C no evitará el deshielo ya comprometido, pero marca el límite superior de la subida del nivel del mar. El suelo mínimo lo dictan las leyes de la física; el techo definitivo sigue dependiendo de las decisiones energéticas de la humanidad.
Enlaces de referencia:
- Artículo de investigación en Nature Geoscience
- Reportaje de análisis en The Conversation