El Niño más fuerte jamás registrado: el pico previsto de 3,6°C rompe récords
“En toda mi carrera, raramente ha habido datos que realmente me hayan dejado en shock. La última vez fue en septiembre de 2023, cuando la temperatura global superó a cualquier septiembre anterior por 0,5°C completos. Esa fue la única vez, hasta hoy.”
— Zeke Hausfather, científico climático y autor principal de The Climate Brink
Quien escribió estas palabras fue Zeke Hausfather, un científico climático conocido por su prudencia con los datos. No es el tipo de persona que utilice a la ligera la palabra “shock”. Sin embargo, en julio de 2026, cuando se dispuso de los datos de julio procedentes de 667 miembros de conjuntos de 14 modelos de predicción climática distintos, se vio obligado a emplear de nuevo ese término.
Es extremadamente probable que el fenómeno de El Niño de 2026-27 se convierta en el más fuerte registrado de forma fiable, y además por un margen verdaderamente asombroso. La previsión mediana del conjunto multimodelo señala un pico de 3,6°C (calculado como la anomalía desestacionalizada y desglosada del ajuste de tendencia de la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4), lo que supera en aproximadamente 0,8°C el récord anterior de 2015-16 (2,75°C).
¿Qué significa esta cifra? En los últimos 150 años, la diferencia acumulada entre los cinco episodios de El Niño más intensos apenas rondaba los 0,5°C en total. En cambio, el pico previsto para 2026 rompe por completo la envolvente de todas las observaciones históricas.
Gráfico: Anomalía mensual máxima en la región Niño 3.4 para cada evento de El Niño desde 1877. Las previsiones para 2026-27 (barra roja) muestran que su mediana (3,6°C) supera con creces todos los récords anteriores. El 80% central de los miembros del conjunto se sitúa completamente en o por encima del récord histórico más alto.
¿Qué es El Niño? Una explicación sencilla
Antes de profundizar en los datos, permítanos ofrecer una breve explicación para aquellos lectores que no estén tan familiarizados con el término.
El Niño (término en español) es un fenómeno climático natural caracterizado por el aumento anómalo de las temperaturas de la superficie del mar en el océano Pacífico ecuatorial central y oriental. En condiciones normales, los vientos alisios del Pacífico ecuatorial soplan de este a oeste, empujando las aguas cálidas superficiales hacia el lado asiático, mientras que las aguas frías profundas de las costas de América del Sur afloran a la superficie. No obstante, cuando se desencadena El Niño, los vientos alisios se debilitan o incluso se invierten, permitiendo que el agua cálida fluya hacia el este y alterando la distribución térmica de todo el océano Pacífico.
Este evento, que aparentemente ocurre en el distante Pacífico, afecta a través de teleconexiones atmosféricas a los patrones meteorológicos globales: el sureste asiático y Australia se vuelven más cálidos y secos, con mayor propensión a sequías e incendios forestales; en la costa oeste de América del Sur aumentan las lluvias torrenciales; y el clima invernal en América del Norte y el este de Asia también sufre perturbaciones.
La comunidad científica utiliza la anomalía de la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4 (la zona clave de monitoreo en el Pacífico ecuatorial central) para cuantificar la intensidad de El Niño. Cuando la media móvil de 3 meses de este indicador supera continuamente los 0,5°C, se considera que un evento de El Niño está en marcha; por encima de 1,5°C se clasifica como “El Niño fuerte”; y por encima de 2,0°C se considera “El Niño muy fuerte” (o súper El Niño). El pico previsto para 2026, de 3,6°C, supera con creces el umbral de “muy fuerte”.
¿Cuán sorprendentes son los datos? Tres perspectivas
Perspectiva 1: El pico absoluto
La previsión mediana de 3,6°C es en sí misma una cifra inquietante. Para asegurar que este número no se malinterprete, conviene aclarar dos puntos.
En primer lugar, estos modelos utilizan anomalías sin tendencia (detrended), es decir, habiendo descontado la tendencia a largo plazo del calentamiento global en lugar de usar la temperatura cruda de la superficie del mar. Esto significa que los modelos intentan predecir la señal propia de El Niño y no el impacto superpuesto del cambio climático. Aun así, los 3,6°C carecen de precedentes.
En segundo lugar, esta previsión procede del conjunto (ensemble) de 14 modelos de predicción estacional diferentes, cada uno ejecutando múltiples miembros (members), sumando un total de 667 miembros. Las predicciones por conjuntos constituyen el método más confiable en la ciencia climática: reducen los errores de los modelos individuales promediando múltiples previsiones independientes.
Perspectiva 2: Comparación con la historia
Aproximadamente el 91% de los miembros del conjunto superan el récord de 2015-16. Más sorprendente aún es que el 80% central del conjunto previsto para este año se sitúa completamente en o por encima del máximo récord histórico: incluso el extremo inferior del conjunto (2,8°C) alcanza justamente el pico más alto registrado en los últimos 150 años.
El legendario evento de El Niño de 1877-78 (2,73°C) y el de 2015-16 (2,75°C) son estadísticamente indistinguibles: su diferencia es muy inferior al margen de error de las observaciones navales del siglo XIX. La proyección para 2026 rompe de forma contundente este marco competitivo que se había mantenido durante más de un siglo.
Perspectiva 3: Velocidad de desarrollo
El evento de 2026 no solo destaca por su intensidad asombrosa, sino que su ritmo de desarrollo resulta igualmente preocupante. La siguiente figura muestra la trayectoria prevista para 2026-27 en comparación con la evolución mes a mes de los cinco episodios de El Niño más intensos de la historia.
Gráfico: Trayectoria de predicción multimodelo para 2026-27 (línea discontinua roja) en comparación mes a mes con los cinco eventos de El Niño más fuertes registrados. El pico previsto de 3,6°C es ligeramente superior a la parte superior de la trayectoria mediana (3,5°C) debido a que los picos ocurren en meses diferentes según el modelo (por ejemplo, CFSv2 en noviembre y ECMWF en diciembre).
La velocidad de desarrollo en 2026 es más rápida que la de 1997-98, este último considerado anteriormente como el estándar de referencia del desarrollo explosivo de El Niño. Además, a diferencia de 2015 —año que comenzó con un “precalentamiento” previo—, el evento de 2026 parte de condiciones frías verdaderas del tipo La Niña. En enero de 2026, la región Niño 3.4 todavía rozaba los límites de La Niña; para julio ya había rebasado el umbral de El Niño, y aún faltaban varios meses para alcanzar su punto álgido.
Consenso y limitaciones de los modelos
Por supuesto, cualquier analista de datos riguroso diría que la mediana de un multimodelo puede ocultar discrepancias internas. Analicemos por lo tanto las previsiones de pico de cada modelo individual.
Gráfico: Predicciones del pico máximo en la región Niño 3.4 para 2026 de 14 modelos de predicción estacional. Arriba: histograma de distribución de todos los miembros del conjunto; Abajo: mediana y rango del 10% al 90% de los miembros para cada modelo.
La mediana del pico de cada uno de los modelos cae dentro del rango de “El Niño muy fuerte”. De los 14 modelos, a excepción del modelo SINTEX-F de la Agencia Japonesa de Ciencias y Tecnologías Marítimo-Terrestres (JAMSTEC) (con una mediana de 2,2°C), los otros 13 modelos presentan medianas que superan el récord de 2015-16. Un nivel tan elevado de consenso entre modelos resulta extremadamente poco frecuente.
No obstante, Hausfather señala con honestidad que el consenso entre modelos no equivale a la destreza del modelo. Los modelos de predicción estacional alcanzan su mayor precisión durante el invierno del hemisferio norte, y dado que el pico de El Niño suele ocurrir entre noviembre y enero, coincide justamente dentro de la ventana de máxima fiabilidad. Aun así, los modelos tienen sus limitaciones: ofrecen previsiones probabilísticas, no profecías deterministas.
RONI: Validación desde otra perspectiva
Al analizar la intensidad de El Niño, existe otro detalle técnico fundamental.
En un mundo en continuo calentamiento, evaluar la intensidad de El Niño utilizando directamente las anomalías brutas de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 conlleva un riesgo: se corre el peligro de confundir la contribución del calentamiento global con la señal intrínseca de El Niño. Para corregir este problema, la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU.) introdujo el índice ONI Relativo (RONI), que resta la anomalía de la temperatura superficial del mar promedio tropical para aislar la señal pura del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur).
Bajo el índice RONI, el récord histórico anterior lo ostentaba en realidad el evento de 1982-83 (pico de 2,69°C), y no el de 2015-16. Sin embargo, lo crucial es que incluso bajo el índice RONI, la mediana prevista por 11 de los 14 modelos sigue indicando un evento récord.
Al comparar ambos enfoques: bajo la anomalía bruta de Niño 3.4, los modelos asignan aproximadamente un 91% de probabilidad de alcanzar un pico récord; bajo el RONI, esta probabilidad ronda el 77%. Independientemente de cómo se descomponga el índice, los pronósticos convergen en la misma conclusión: es muy probable que presenciemos el evento de El Niño más intenso jamás observado por la humanidad.
Qué significa esto
Para el público general, un “El Niño de récord” puede sonar como un tema académico distante. Sin embargo, sus repercusiones son plenamente reales.
Las temperaturas globales tienen un desfase respecto al ENSO de aproximadamente 3 a 5 meses. Esto significa que la mayor parte del calor generado por el pico de El Niño a finales de 2026 se reflejará en la temperatura media global recién en 2027. Un usuario de la comunidad HN, aaronbrethorst, captó perfectamente este punto en la discusión:
“Lo que pasa desapercibido: ¿qué significa esto para la temperatura global? Dado que la temperatura global lleva un desfase respecto al ENOS de unos 3 a 5 meses, la mayor parte del calentamiento de este evento recaerá en 2027, que ahora apunta a convertirse en el año más cálido jamás registrado, y por un margen considerable.”
Históricamente, los episodios intensos de El Niño suelen desencadenar:
- Aumento del riesgo de sequías severas e incendios forestales en el sureste asiático y Australia
- Lluvias extremas e inundaciones en la costa oeste de América del Sur (Perú, Ecuador)
- Alteraciones drásticas en los patrones de precipitación en el Cuerno de África
- Impacto en los precios globales de los alimentos, ya que El Niño suele ir acompañado de anomalías climáticas en las principales zonas agrícolas
- Blanqueamiento masivo de arrecifes de coral, donde la combinación de olas de calor marinas y El Niño resulta devastadora
Más importante aún: este fenómeno de El Niño ocurre en un mundo que ya se ha calentado aproximadamente 1,3°C desde la era preindustrial. Como señala Hausfather en su artículo, una de las razones por las que septiembre de 2023 lo dejó conmocionado fue el efecto no lineal derivado de la superposición del calentamiento global antrópico con El Niño. El evento de 2026-27 empujará esta superposición hacia niveles sin precedentes.
Discusión en la comunidad de HN
La discusión en Hacker News (que en el momento de la publicación contaba con más de 200 votos positivos y más de 180 comentarios) refleja la compleja reacción de la comunidad tecnológica ante esta noticia.
Además del comentario de aaronbrethorst sobre las temperaturas de 2027, en la conversación surgió un matiz destacable: bcoughlan expresó su malestar ante comentarios que “aconsejaban a los europeos instalar aire acondicionado”, considerando que tal consejo proveniente de Estados Unidos (con su lema de “drill, baby, drill”) resultaba hipócrita.
Más allá de estos matices, el sentimiento general de la mayoría de los usuarios de HN se puede resumir en una palabra: ansiedad. Un shock cognitivo ante la crudeza de los datos, mezclado con la compleja sensación de saber que el clima se está calentando pero seguir sintiendo incredulidad al ver las cifras reales.
Los datos hablan por sí mismos
El artículo de Hausfather concluye con una frase memorable. Afirma que, como científico climático, su labor consiste en presentar los datos, interpretarlos y, finalmente, confiar en ellos: “Cuando ves que el 91% de 667 miembros de un conjunto apuntan en la misma dirección, debes tomártelo muy en serio”.
Añadiría además que el cambio climático no es un debate político ni una historia en la que se pueda “elegir qué creer”. Es un proceso físico: los océanos se calientan, la atmósfera responde, los modelos pronostican y los récords se rompen. Este evento de El Niño es una señal contundente del sistema climático terrestre, una señal muy, muy fuerte.
El Niño más potente en un siglo se está gestando. La mayoría de las personas aún lo desconocen. Sin embargo, los datos ya están ahí, silenciosos pero incontrovertibles.
Enlaces de referencia:
- The Climate Brink: The Strongest El Niño Ever
- Discusión en HN (item?id=49060978)
- Blog de ENSO de la NOAA
- L’Heureux et al. (2024): Metodología de ONI Relativo
- Conjunto de datos de temperatura superficial del mar ERSSTv5 · Reconstrucción HadISST