La historia humana de Irlanda retrocede 5.000 años: los primeros pobladores cruzaron a pie desde Gales

La historia humana de Irlanda retrocede 5.000 años: los primeros pobladores cruzaron a pie desde Gales

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Fuentes:HN + web research

Hoy en día, cruzar el mar de Irlanda en ferry desde Gales hasta Irlanda requiere unas tres horas de navegación. Sin embargo, hace unos 15.000 años los viajeros no necesitaban ningún tipo de embarcación. Por aquel entonces, el nivel del mar había descendido de forma drástica, transformando esa franja de agua en una meseta terrestre continua. Los primeros humanos pudieron cruzarla simplemente caminando sobre sus propios pies.

Esta singular orografía se forjó durante el Último Máximo Glacial (LGM), el periodo de la historia terrestre en el que las masas de hielo alcanzaron su mayor extensión. Al quedar inmensas cantidades de agua atrapadas en los glaciares, el nivel del mar se desplomó y dejó al descubierto el lecho marino entre el condado de Pembrokeshire, en Gales, y Rosslare, en la costa sureste de Irlanda. Este corredor de unos 76 kilómetros de longitud se convirtió en un paso natural para la migración de cazadores-recolectores prehistóricos y de fauna salvaje.

Una distancia de 76 kilómetros equivale aproximadamente a un trayecto cotidiano de ida y vuelta. Durante la Edad de Hielo, este paso estaba cubierto por una tundra abierta —planicies gélidas y desprovistas de árboles compuestas de musgos, líquenes y arbustos enanos— salpicada de amplios pastizales. Grandes herbívoros como mamuts, caballos salvajes, bisontes esteparios y renos poblaban la zona, ofreciendo una fuente abundante de alimento para los cazadores primitivos. A pesar de que las temperaturas estivales caían con frecuencia entre los 10 y los 20 grados bajo cero, las partidas de cazadores avanzaron con determinación hacia el oeste a lo largo de este puente de tierra.

Los glaciares atraparon el mar y dejaron al descubierto un corredor de 76 kilómetros

Durante décadas, la arqueología convencional asumió que los primeros humanos habían llegado a Irlanda hace unos 10.500 años. Sin embargo, en el sur de Gales ya existía una presencia humana consolidada hace entre 35.000 y 40.000 años, con un centenar de cuevas habitadas tan solo en la península de Gower. El Dr. George Nash, especialista en arte rupestre de la Universidad de Liverpool, planteó que la falta de vestigios más antiguos en Irlanda se debía simplemente a que se estaba buscando en los lugares equivocados. Al frente del equipo multidisciplinar internacional del proyecto «Lost Land Bridge Project», Nash se propuso localizar las huellas perdidas.

Para acotar el área de búsqueda, el equipo incorporó algoritmos de inteligencia artificial. Entrenaron un modelo informático con las características geológicas y morfológicas de los asentamientos en cuevas conocidos en el sur de Gales y rastrearon el paisaje kárstico del suroeste de Irlanda. El modelo de IA identificó 28 cuevas con alto potencial arqueológico, reduciendo meses de prospección a ciegas sobre el terreno a una serie de coordenadas muy precisas.

Guiados por estas predicciones, el especialista en espeleología Shane Diffily y el consultor de cartografía digital Darren Lee encabezaron las expediciones por valles remotos. La inspección sobre el terreno no tardó en confirmar los pronósticos: en 8 de las 28 cuevas se localizaron muestras auténticas de arte parietal prehistórico, validando empíricamente el modelo espacial de IA.

Algoritmos de IA seleccionaron 28 candidatos: el trabajo de campo confirmó 8 yacimientos

En el interior de estas ocho cuevas se documentaron grabados incisos en la roca, pinturas al carbón y motivos trazados con ocre rojo, un mineral natural de óxido de hierro ampliamente utilizado como pigmento por las sociedades paleolíticas. La datación y el análisis estilístico situaron la creación de estas obras hace al menos 15.000 años, un hallazgo que adelanta la presencia humana confirmada en Irlanda en unos 5.000 años.

Un arqueólogo mide con una escala un grabado de ciervo de aproximadamente un metro en una cueva irlandesa Figura: Un arqueólogo mide con una escala un grabado de ciervo de aproximadamente un metro en una cueva irlandesa. Fuente: BBC / Lost Land Bridge Project

Las paredes de las cavidades albergan un amplio repertorio faunístico. En una de las cuevas se descubrió el grabado de un ciervo de casi un metro de longitud, con las líneas de la cabeza y el cuello trazadas con notable soltura y continuidad. En otra pared caliza se conserva el bajorrelieve de un mamut con sus colmillos curvados perfectamente reconocibles. Estas representaciones tan vivas dan testimonio de la minuciosa observación que los cazadores de la Edad de Hielo hacían de la megafauna que los rodeaba.

Grabado de un mamut en la pared caliza de la cueva, con sus colmillos curvados claramente visibles Figura: Grabado de un mamut en la pared caliza de la cueva, con sus colmillos curvados claramente visibles. Fuente: BBC / Lost Land Bridge Project

Junto a los animales, sobre los estratos arcillosos de las paredes se han conservado unas llamativas acanaladuras digitales o estrías («flutings»), formadas al deslizar los dedos sobre la arcilla blanda y húmeda. Estas marcas semicirculares y concéntricas, de trazo apretado, se atribuyen a niños del Paleolítico Superior. Al igual que un niño de hoy desliza sus dedos sobre la pantalla de una tableta, estas improntas milenarias brindan una mirada íntima y conmovedora sobre la vida familiar de los antiguos cazadores-recolectores.

Estrías semicirculares concéntricas trazadas con los dedos en la arcilla, presumiblemente obra de niños paleolíticos Figura: Estrías semicirculares concéntricas trazadas con los dedos en la arcilla, presumiblemente obra de niños paleolíticos. Fuente: BBC / Lost Land Bridge Project

El arte rupestre adelanta en 5.000 años el registro de actividad humana en Irlanda

El arte descubierto en estas cuevas presenta un paralelismo técnico y formal extraordinario con el arte paleolítico de Gales. Por ejemplo, las marcas horizontales de dedos trazadas con ocre rojo en la cueva de Bacon Hole, en la península de Gower (datadas en 17.100 años de antigüedad), coinciden de manera casi exacta con los métodos de aplicación registrados en Irlanda. Esta continuidad estilística demuestra los estrechos vínculos culturales entre las poblaciones asentadas a ambos lados del mar de Irlanda.

Los humanos anatómicamente modernos migraron desde la Europa continental hacia el sur de Gran Bretaña antes de adentrarse en Gales. Cuando el descenso del nivel marino dejó al descubierto la meseta del puente terrestre, las partidas de cazadores nómadas siguieron las rutas migratorias de los herbívoros hacia el oeste. Las cuevas del suroeste irlandés representan el extremo occidental donde estos pioneros establecieron su nuevo hogar.

Mientras en la superficie helada azotaban vientos cortantes, el interior de las cuevas de piedra caliza mantenía una temperatura constante de entre 10 y 15 grados centígrados. Para grupos humanos que aún no dominaban la construcción de refugios independientes, las cavernas eran santuarios naturales indispensables. Al abrigo de hogueras encendidas en la entrada y envueltos en pieles de animales, los clanes resistían el frío extremo, descuartizaban sus presas y transmitían de generación en generación las destrezas artísticas que mantenían viva su cultura.

La afinidad artística a ambos lados del mar confirma la migración a pie

Con el fin de evitar saqueos o deterioros en este frágil patrimonio paleolítico, el equipo de investigación ha mantenido en estricta reserva las coordenadas exactas de las ocho cuevas. En la actualidad, expertos internacionales analizan muestras sedimentarias para reconstruir con mayor detalle el clima de la época y las rutinas cotidianas de aquellos primeros habitantes.

La confirmación de arte rupestre en estas ocho cuevas redefine por completo la historia del poblamiento de Irlanda. El retroceso de las aguas durante el Último Máximo Glacial abrió un corredor de 76 kilómetros entre Pembrokeshire y Rosslare que los primeros pobladores cruzaron enteramente a pie. Los grabados y pigmentos de hace al menos 15.000 años constituyen los vestigios tangibles más antiguos que la humanidad ha dejado en esta isla.

Referencias:

  • Reportaje de la BBC: Descubren arte rupestre de la Edad de Hielo en Irlanda
  • The UK Pulse: Los primeros humanos en Irlanda probablemente migraron desde Gales a través de un puente terrestre