Por qué las conchas fósiles invierten su espiral: la huella de especies crípticas en los océanos

Por qué las conchas fósiles invierten su espiral: la huella de especies crípticas en los océanos

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Fuentes:Quanta Magazine + PNAS

Pasear por la orilla del mar y recoger una concha rara vez lleva a preguntarse si su espiral gira hacia la izquierda o hacia la derecha. En el mundo natural observable, la preferencia quiral de una especie está prácticamente grabada en piedra: caracoles y moluscos no cambian repentinamente de orientación de la noche a la mañana. Sin embargo, en el universo microscópico del océano, la historia ha sido mucho más turbulenta.

Miles de millones de foraminíferos planctónicos flotan a la deriva en los mares de la Tierra: microorganismos unicelulares que segregan diminutas conchas porosas de carbonato cálcico, por lo general de tamaño inferior a un milímetro. Al morir, estas estructuras esqueléticas se hunden hacia el fondo marino y se depositan capa tras capa, configurando un monumental archivo natural que abarca 560 millones de años de historia geológica.

Ilustración de conchas en espiral y la inversión de quiralidad Figura: Conchas espirales y el fenómeno de inversión. Fuente: Quanta Magazine

La temperatura engañó a los científicos durante medio siglo

A principios de la década de 1950, el micropaleontólogo suizo Hans Bolli comenzó a examinar estos testigos de sedimentos oceánicos. Descubrió que ciertas especies de foraminíferos mostraban una preferencia abrumadora en la dirección de giro de sus conchas: hasta un 97 % de los individuos de una población se enrollaban en un único sentido. Lo más desconcertante era que esa preferencia no permanecía inmutable a lo largo de las eras geológicas. Cada pocos miles de años, la orientación de giro de las conchas se invertía de forma sincronizada en todo el planeta.

En un principio, la comunidad científica creyó haber dado con un termómetro infalible para reconstruir el clima pretérito. En 1959, el geólogo marino David Ericson postuló una hipótesis intuitiva: la temperatura del agua determinaba el sentido de rotación. Durante las glaciaciones frías giraban hacia la izquierda; durante los periodos interglaciares cálidos lo hacían hacia la derecha. La explicación resultaba tan lógica y atractiva que, durante más de medio siglo, los paleoclimatólogos emplearon el sentido de giro de estas conchas para reconstruir las oscilaciones térmicas del pasado terrestre.

Fósiles del foraminífero extinto Globorotalia limbata Figura: Conchas fósiles con enrollamiento a izquierda y derecha. Fuente: Quanta Magazine

La secuenciación genética derriba la hipótesis climática

Sin embargo, una regla fundamentada exclusivamente en la morfología visible terminó sucumbiendo ante la biología molecular. En 2006, la genetista Kate Darling demostró mediante análisis de ADN que las variantes con enrollamiento hacia la izquierda y hacia la derecha de Neogloboquadrina pachyderma no eran meras adaptaciones térmicas, sino dos especies completamente independientes camufladas bajo una misma apariencia física. En 2013, la paleobióloga Yurika Ujiié asestó el golpe definitivo a la hipótesis climática.

Al examinar muestras procedentes de múltiples cuencas oceánicas, Ujiié confirmó que la quiralidad de las conchas no guardaba correlación alguna con las temperaturas marinas de la época. La hipótesis del termómetro paleoclimático había quedado desmentida.

El registro fósil destapa saltos evolutivos repentinos

Recientemente, un equipo liderado por Bridget Wade en el University College de Londres analizó datos fósiles que cubren 56 millones de años. Los investigadores observaron que, hace 15 millones de años, la especie Paragloborotalia siakensis pasó súbitamente de una población con enrollamiento mixto a una compuesta exclusivamente por individuos con giro a la izquierda. La transición se produjo con pasmosa simultaneidad en distintas cuencas y latitudes.

Las teorías convencionales de la evolución gradual eran incapaces de justificar un cambio tan brusco y uniforme en todo el globo.

Muestras de 30 especies de foraminíferos actuales Figura: Muestras de 30 especies vivas de foraminíferos, todas menores de 1 milímetro. Fuente: Quanta Magazine

Especies crípticas a la conquista de los océanos globales

Al descartar que el clima fuera el motor de esta sincronización planetaria, la respuesta tenía que encontrarse en los genes. Cobró fuerza entonces una nueva y revolucionaria explicación: estas inversiones masivas de quiralidad constituyen las huellas biológicas de «especies crípticas» (organismos genéticamente distintos pero morfológicamente casi idénticos) que conquistaron los océanos globales en un barrido biológico a gran escala.

El fenómeno puede comprenderse trazando un paralelismo con la emergencia de variantes víricas predominantes durante una pandemia. Cuando en una determinada región oceánica surge una subpoblación portadora de una ventaja adaptativa decisiva, viaja a bordo de las corrientes marinas y barre rápidamente las principales cuencas oceánicas. A su paso, propaga su propio patrón de enrollamiento unimodal e impone su dominio frente a las poblaciones preexistentes.

En una escala temporal geológica, esta sustitución ocurre en un abrir y cerrar de ojos. La circulación termohalina global tarda alrededor de 1.000 años en completar un ciclo de renovación del agua del planeta. Que un linaje superior consolide su dominio global a lo largo de un milenio equivale a un instante imperceptible en los estratos rocosos.

La inversión sincronizada en la espiral de los foraminíferos ha dejado grabado un hito revelador en las páginas del registro fósil. Por primera vez, los científicos pueden observar de manera directa cómo un acontecimiento evolutivo orquestado por especies crípticas con ventajas adaptativas logró adueñarse de los océanos de todo el planeta en un latido geológico.

Enlaces de referencia:

  • Reportaje de Quanta Magazine
  • Artículo de PNAS