El 8 de septiembre de 2026, el popular canal de hardware Gamers Nexus, en colaboración con varios investigadores independientes de seguridad, publicó una extensa investigación en vídeo de dos horas de duración. Las pruebas demostraron que los televisores LG OLED adquiridos en el comercio minorista pueden activar el micrófono y grabar audio incluso en modo de espera. Peor aún: tras desconectar por completo el cable de red y cortar el acceso a Internet, el televisor siguió guardando los archivos de audio en su almacenamiento local, a la espera de recuperar la conexión para enviarlos en bloque. La denuncia, que salpica a un parque de 216 millones de televisores activos, ha destapado una incómoda realidad en el sector.
Grabación almacenada en local incluso con el cable de red desconectado
Las pruebas de laboratorio revelaron un escenario inquietante. Al capturar el tráfico de red, los investigadores descubrieron que el televisor analizado, un LG G5 OLED, no solo grababa audio con la pantalla apagada en reposo, sino que además escaneaba en segundo plano los demás dispositivos de la red local, como teléfonos móviles y relojes inteligentes. Los datos de geolocalización, los nombres de las redes Wi-Fi cercanas (SSID), la potencia de señal y los canales se empaquetaban para enviarse directamente a LG Ad Solutions, la división de publicidad de la compañía.
Foto: Uno de los televisores LG OLED analizados en la investigación. Fuente: The Verge / John Higgins
Los fabricantes de televisores inteligentes recurren de forma habitual al Reconocimiento Automático de Contenido (ACR) para monitorizar los hábitos de visionado, abarcando tanto las aplicaciones integradas como las entradas externas por HDMI. Los análisis de medios especializados como RTINGS confirman que casi todas las marcas emplean esta tecnología. Sin embargo, en estas pruebas, el televisor cruzó la frontera de una pantalla pasiva para convertirse en un radar que recopila información del entorno doméstico sin descanso.
Cómo la coletilla de ‘no continuo’ sirvió para esquivar el cumplimiento
El 12 de septiembre, LG publicó un comunicado oficial en el que recalcaba que sus televisores “no graban ni transmiten de manera continua las conversaciones de los usuarios” y que la detección de palabras de activación se ejecuta estrictamente en local. La empresa añadió que el sistema ACR recurre al procesador de audio interno para contrastar huellas acústicas sin capturar imágenes de pantalla, vídeos ni grabaciones de voz, y que estas funciones “no vienen activadas por defecto”.
Foto: Registros del sistema LG webOS mostrados en el vídeo con búsquedas de voz completas. Fuente: Gamers Nexus
El medio tecnológico The Verge no tardó en criticar con dureza la postura de la compañía: en el lenguaje corporativo, la palabra “continuo” asume una carga interpretativa desmedida. Los registros del sistema desvelados por Gamers Nexus demostraron que, mucho después de que el asistente de voz debiera haber dejado de escuchar, el televisor seguía reteniendo registros de audio ambiental. Mientras se evite una retransmisión ininterrumpida las 24 horas del día, los fabricantes pueden presentar la monitorización fragmentada del hogar como un comportamiento técnico admisible.
La comunidad técnica señaló más incoherencias. Usuarios de Hacker News recordaron un artículo académico de 2024 (arXiv:2409.06203) donde se demostraba que los televisores LG toman capturas de pantalla para alimentar el cotejo de ACR, contradiciendo frontalmente la promesa de no capturar la pantalla. Asimismo, en la configuración inicial del televisor las casillas de consentimiento suelen venir marcadas por omisión, obligando al usuario a rebuscar entre menús para desactivarlas, lo que echa por tierra la afirmación de que vienen desactivadas de serie. Como sentenció un desarrollador en los foros: los televisores son cada vez más baratos porque el modelo de negocio ha cambiado; tus hábitos de visionado son el verdadero producto. Además, afirmar que el audio no se procesa en texto ni se almacena, al tiempo que se admite la generación de registros de comandos de voz, evidencia una contradicción lógica insostenible.
El análisis de paquetes se estrella contra las cargas cifradas
A pesar del impacto de la investigación, la comunidad especializada evitó posicionarse de forma unánime. El blog técnico independiente leaflet.pub analizó minuciosamente el material y planteó una lectura crítica: todo el tráfico interceptado mediante Wireshark estaba protegido mediante cifrado HTTPS. Los investigadores solo pudieron examinar peticiones DNS y metadatos de conexión, sin acceso al contenido de las cargas útiles. Además, lo que en el vídeo se presentaba como un escaneo invasivo de la red local coincide con mecanismos habituales de descubrimiento de dispositivos en el ámbito del IoT, tales como mDNS, SSDP o DLNA.
Aunque las pruebas demuestran que un sistema conectado ejecuta una intensa actividad en segundo plano, no aportan una evidencia incontestable de que el audio capturado por el micrófono acabe en manos de anunciantes. La paradoja es evidente: el protocolo HTTPS, concebido para evitar que terceros intercepten las comunicaciones, impide a su vez que el legítimo dueño del hardware inspeccione qué información está transmitiendo su propio dispositivo. Los mecanismos de seguridad no solo frenan a los atacantes externos, sino que encierran al usuario fuera de su propia caja negra.
Quien controla la cadena de custodia impone las reglas del juego
El conflicto evidencia una profunda asimetría de poder: los registros completos de telemetría y subida de datos de un televisor que has pagado pertenecen en exclusiva al fabricante. En épocas pasadas era mucho más sencillo constatar abusos; por ejemplo, en 2013 el desarrollador doctorbeet descubrió con facilidad que los televisores LG enviaban en texto plano los nombres de los archivos de memorias USB, evocando el histórico escándalo del rootkit de Sony BMG. Con los estándares criptográficos modernos, los analistas externos están limitados a conjeturas basadas en el tráfico exterior.
LG aprovechó con astucia esta barrera probatoria: al argumentar que sus registros “no son continuos”, excluye de facto cualquier recolección fragmentada de la categoría de infracción. El eje de la polémica ya no radica en si el televisor incorpora micrófonos, sino en que la custodia de las pruebas recae únicamente sobre la parte acusada. Bajo estas normas, el usuario común carece de herramientas reales para contrastar una declaración oficial blindada bajo supuestos parámetros de cumplimiento.
Enlaces de referencia:
- Reportaje de The Verge: La respuesta de LG a las acusaciones de espionaje
- Gamers Nexus: Vídeo de investigación de dos horas
- leaflet.pub: Revisión técnica – Por qué estas pruebas no son suficientes