Creían que se habían extinguido hace 6.000 años: dos mamíferos siguen vivos en el dosel de Papúa Occidental

Creían que se habían extinguido hace 6.000 años: dos mamíferos siguen vivos en el dosel de Papúa Occidental

BiodiversidadConservación EcológicaDescubrimiento de EspeciesBiología Evolutiva

Fuentes:BBC + Records of the Australian Museum

Especies fósiles de hace 6.000 años reaparecen en lo alto de las copas arbóreas

En los registros taxonómicos de la zoología, la ausencia documentada de ejemplares vivos durante 6.000 años basta para clasificar a una especie como extinta. Sin embargo, en octubre de 2026, una investigación publicada en la revista científica Records of the Australian Museum echó por tierra esa certeza. Una expedición conjunta adentrada en las remotas selvas de Papúa Occidental, en Indonesia, logró registrar imágenes nítidas de individuos vivos. Dos linajes de marsupiales cuyo rastro se desvanecía tras los estratos fósiles prehistóricos siguen desplazándose hoy por las copas de los árboles.

Las especies redescubiertas son el pósum pigmeo de dedos largos (Dactylonax kambuayai) y un planeador de cola anillada (Tous ayamaruensis). Hasta este hallazgo, el conocimiento científico sobre ambos animales procedía exclusivamente de restos óseos subfósiles recuperados en cuevas de piedra caliza. Un vacío de sesenta siglos llevó a la comunidad científica a darlos por desaparecidos definitivamente. El mastozoólogo Tim Flannery calificó este acontecimiento como un hito excepcional para la biología moderna.

La ciencia describe esta reaparición tras una prolongada brecha geológica como un taxón Lázaro (Lazarus taxon). El salto directo desde capas fósiles de hace 6.000 años hasta las cámaras infrarrojas actuales demuestra que los diagnósticos clásicos de extinción descansan a menudo en premisas estadísticas frágiles. Lo que parecía una desaparición milenaria no era más que un ángulo ciego derivado del muestreo a ras de suelo.

Pósum pigmeo de dedos largos sobre una rama en la selva de Papúa Occidental Figura: Ejemplar de pósum pigmeo de dedos largos en las ramas de la selva de Tambrauw, Papúa Occidental. Crédito: Carlos Bocos (vía BBC).

Las expediciones terrestres no alcanzaban un dosel de 40 metros de altura

La supervivencia de estas dos especies al margen del escrutinio humano responde a las exigencias extremas de su hábitat vertical. La península de Doberai (Vogelkop) se distingue por abruptos acantilados kársticos y marcados desniveles montañosos. Los árboles gigantes de estas selvas superan con frecuencia los 40 metros de altura, dando lugar a una intrincada estructura ecológica en varios estratos.

El pósum pigmeo de dedos largos apenas alcanza el tamaño de una palma humana. El cuarto dedo de sus extremidades anteriores está sumamente alargado y especializado, asemejándose a una aguja de ganchillo de hueso. Durante la noche, el animal golpea suavemente la corteza, localiza larvas perforadoras de madera gracias a un oído hipersensible y las extrae de cavidades profundas con ese dedo hipertrofiado. Al desarrollarse toda su vida en lo más alto del dosel, en el suelo no queda huella alguna de su presencia.

Cuarto dedo especializado del pósum pigmeo de dedos largos Figura: Detalle anatómico del cuarto dedo del pósum pigmeo, adaptado para sondear grietas de la madera y capturar larvas de insectos. Crédito: Carlos Bocos (vía BBC).

El planeador de cola anillada presenta un comportamiento todavía más esquivo. Con un tamaño semejante al de una ardilla y dotado de membranas planeadoras y cola prensil, representa un género taxonómico totalmente nuevo (Tous). Construye sus nidos exclusivamente en oquedades naturales de árboles centenarios a más de 30 metros de altura y casi nunca desciende a tierra. El anidamiento a gran altura combinado con hábitos estrictamente nocturnos redujo a cero las opciones de avistamiento terrestre.

Planeador de cola anillada de nuevo género habitante de oquedades en grandes árboles Figura: El planeador de cola anillada de este nuevo género nidifica a decenas de metros de altura y vuela entre las copas. Crédito: Arman Muharmansyah (vía BBC).

Durante más de un siglo, las expediciones científicas que recorrieron Nueva Guinea dependieron de rutas a pie y trampas de suelo. La falta de correspondencia espacial entre las herramientas de muestreo y el nicho ecológico real de los animales originó este vacío de 6.000 años. Desde el suelo resultaba imposible traspasar la densa niebla de las copas. El prolongado silencio documental se debió simplemente al alcance físico limitado de los métodos tradicionales.

La memoria indígena desmiente la extinción sobre el papel

Mientras los catálogos taxonómicos consideraban extintas a estas criaturas, las comunidades indígenas de la selva convivían con ellas a diario. En las tradiciones de los pueblos Tambrauw y Maybrat, el planeador de cola anillada posee nombres locales específicos y es considerado un animal sagrado vinculado a sus antepasados. En sus patrullas nocturnas por el bosque, los cazadores indígenas escuchaban habitualmente sus chillidos y el sonido de sus desplazamientos aéreos.

La ciencia institucional y el saber ancestral han permanecido desconectados durante décadas. Tradicionalmente, los naturalistas occidentales solo reconocían la existencia de una especie si contaban con ejemplares de museo debidamente catalogados. Las observaciones minuciosas de los habitantes locales solían desecharse como meras leyendas sin valor empírico. Este sesgo metodológico provocó que dos especies perfectamente viables desaparecieran del mapa científico durante milenios.

La incorporación de la investigadora indonesia Rika Korain fue determinante para el éxito del proyecto. El equipo se entrevistó con los ancianos de las aldeas y cruzó sus indicaciones con mapas topográficos de curvas de nivel. Escuchar el conocimiento transmitido de generación en generación permitió subsanar un ángulo ciego histórico de la taxonomía. Al colocar cámaras trampa de infrarrojos en las copas de los árboles señalados por los líderes locales, los animales reaparecieron con puntualidad matemática.

Alivio empañado: las motosierras avanzan hacia su refugio

El entusiasmo por recuperar a estas especies de la lista de extinciones se ha visto eclipsado por una amenaza inminente. Papúa Occidental conserva algunas de las mayores masas continuas de selva tropical primaria del planeta. Sin embargo, la presión industrial avanza con rapidez. Las concesiones madereras se expanden hacia las montañas y carreteras para transporte pesado fragmentan un dosel forestal que antes era continuo.

Los investigadores han enfocado el debate en la adopción urgente de medidas de protección. El peligro es patente: si la tala comercial prosigue al ritmo actual, los animales recién rescatados del olvido podrían desaparecer físicamente en pocas décadas. El planeador de cola anillada depende de árboles centenarios huecos de gran calibre para anidar, que son precisamente el objetivo principal de la tala industrial. El derribo de un solo árbol gigante puede desmantelar colonias enteras que tardaron generaciones en formarse.

El aislamiento ecológico de los bosques de montaña deja a las especies de dosel sin vía de escape; funcionan como auténticas islas biológicas. Si se tala la cubierta superior, los mamíferos adaptados a las alturas no pueden cruzar terrenos deforestados y secos para recolonizarse. La extinción en el papel era un mero fallo de registro, pero la fragmentación del hábitat conduce a una aniquilación biológica irreversible. Si no se frena la tala, este hallazgo será solo el registro de su despedida.

Cerrar los vacíos científicos antes de que lleguen las excavadoras

Este redescubrimiento constituye una llamada de atención para las evaluaciones de biodiversidad global. En las tierras altas de Nueva Guinea y en el corazón del Amazonas subsisten inmensos hábitats verticales que apenas han sido explorados. Evaluar la riqueza faunística apoyándose únicamente en censos terrestres subestima la resistencia ecológica y retrasa la declaración de áreas protegidas prioritarias.

El reconocimiento legal de los derechos forestales indígenas constituye la barrera más sólida contra la deforestación. Los precedentes de bosques consuetudinarios (hutan adat) en Indonesia demuestran que, al transferir la custodia a los pueblos autóctonos, las tasas de tala caen drásticamente. Para los pobladores locales, la selva representa su propia supervivencia. Dotarlos de seguridad jurídica sobre la tierra crea un dique humano indispensable frente a la maquinaria pesada.

El trabajo de campo actual combina cámaras automáticas e incursiones directas en las copas arbóreas con técnicas de escalada. Estos avances persiguen un propósito claro: establecer zonas de exclusión ecológica antes de que irrumpa la industria maderera. La humanidad necesitó 60 siglos para volver a ver a estos marsupiales en las alturas. Las decisiones políticas y de conservación que se tomen hoy determinarán si continúan habitando allí en el futuro.

Fuentes y lecturas recomendadas:

  • BBC News: Hallan vivos en Papúa Occidental dos pequeños marsupiales dados por extintos hace 6.000 años.
  • Records of the Australian Museum: Informes de expediciones sobre mamíferos de la península de Vogelkop (2026).
  • Informes de campo conjuntos de la UICN y Re:wild.