Salir a la calle a finales de octubre para tirar la basura o regresar a casa tras una larga jornada laboral: basta con alzar la vista al cielo nocturno durante unos instantes para tener la oportunidad de contemplar un repentino destello surcando la oscuridad.
Según el último parte de BBC Weather, la lluvia de meteoros de las Oriónidas (Orionids) ha comenzado oficialmente. Este fenómeno celestial, provocado cuando la Tierra atraviesa el rastro de polvo dejado por el cometa Halley, permanecerá activo hasta el próximo 7 de noviembre.
El punto álgido o noche de máxima actividad tendrá lugar entre el 21 y el 22 de octubre. En condiciones óptimas y bajo cielos oscuros, se podrán observar entre 10 y 20 meteoros por hora.
El mundo aguarda con expectación el año 2061, fecha en la que el famoso cometa Halley (cometa 1P/Halley, cuyo período orbital ronda los 76 años) volverá a visitar las proximidades de la Tierra. Sin embargo, no hace falta esperar otros 35 años: cada estela brillante que cruce el cielo este mes es una diminuta carta de presentación enviada directamente por el propio cometa.
Pico de actividad el 21 de octubre: una cita que se adelanta 35 años
El cometa Halley es uno de los cuerpos celestes más emblemáticos en la historia de la astronomía. Con un ciclo orbital de unos 76 años, su última visita a la Tierra ocurrió en 1986 y su próximo perihelio no llegará hasta 2061.
Para la mayoría de los seres humanos, la posibilidad de contemplar a simple vista el núcleo del cometa (comet nucleus, una bola de nieve sucia compuesta por hielos volátiles y polvo primigenio) es una experiencia reservada, como mucho, a una vez en la vida. No obstante, ese largo intervalo de 76 años no significa que nos quedemos completamente desconectados de él.
Cuando los cometas viajan por el sistema solar y se acercan al Sol, la radiación solar calienta su superficie, liberando grandes cantidades de gas y diminutas partículas de roca. Mucho después de que el cometa se aleje de nuevo hacia los confines helados del espacio, esos fragmentos permanecen flotando a lo largo de su órbita, formando una extensa banda de polvo cósmico.
En su trayectoria anual alrededor del Sol, la Tierra cruza dos veces esta autopista de escombros celestes: la primera ocurre cada mes de mayo con las Eta Acuáridas, y la segunda se produce ahora mismo, en octubre, de la mano de las Oriónidas.
Veinte estrellas fugaces por hora: la herencia del cometa en la órbita terrestre
Las estrellas fugaces que cruzan el firmamento no son más que el resultado de una colisión a altísima velocidad entre nuestro planeta y los restos desprendidos por el cometa.
Lejos de la contaminación lumínica urbana, el pico de las Oriónidas regala entre 10 y 20 meteoros visibles cada hora. Esto significa que cada tres o seis minutos se produce una pequeña y fulgurante combustión en las capas altas de la atmósfera.
Al comparar los datos astronómicos con objetos cotidianos, el diminuto tamaño de estos fragmentos resulta asombroso. La gran mayoría de los meteoroides responsables de las Oriónidas apenas miden entre unos pocos micrómetros y un par de milímetros: son más pequeños que un grano de arroz o una brizna de arena de playa.
Esos granos desprendidos del cometa Halley hace varios siglos han permanecido flotando en el frío vacío del espacio. Solo cuando la Tierra surca esa región a casi 30 kilómetros por segundo se produce el choque directo contra nuestra atmósfera.
Figura: La lluvia de meteoros de las Oriónidas iluminando la noche sobre Abruzzo, Italia. Fuente: BBC Weather (NurPhoto/Getty Images)
Impacto a 66 kilómetros por segundo: fricción y destellos incandescentes
¿Cómo puede una partícula del tamaño de un grano de arena emitir semejante resplandor a 100 kilómetros de altura? El secreto radica en la descomunal velocidad relativa de impacto.
Los fragmentos de las Oriónidas entran en la atmósfera terrestre a una velocidad vertiginosa de 66 kilómetros por segundo (unos 238.000 km/h). Para ponerlo en perspectiva, a esa velocidad se podría viajar de Madrid a Barcelona en unos nueve segundos, superando cientos de veces la velocidad de los trenes de alta velocidad terrestres.
Al chocar contra las capas densas de la atmósfera alta a esa velocidad, la violenta compresión del aire genera un calor instantáneo de varios miles de grados Celsius. Los átomos de los gases atmosféricos circundantes se ionizan, generando un plasma incandescente que percibimos desde el suelo como un fogonazo de luz.
En las partículas de mayor tamaño, esta desintegración suele dejar tras de sí trenes persistentes (persistent trains): senderos de gas ionizado que continúan brillando en el cielo durante varios segundos tras el paso del meteoro. Es la firma efímera del cometa Halley despidiéndose en la noche.
El radiante en la constelación de Orión: disfrute a simple vista
Quienes se inician en la observación astronómica a menudo cometen el error de concentrar la mirada exclusivamente en la constelación de Orión, creyendo erróneamente que las estrellas fugaces solo aparecerán allí.
En astronomía, el radiante (radiant point, el punto geométrico del cielo del que parecen divergir todas las trayectorias) no es más que una ilusión de perspectiva. La lluvia recibe el nombre de Oriónidas simplemente porque, al prolongar las trayectorias hacia atrás, todas parecen originarse al noreste de Orión, cerca del límite con Géminis.
Figura: Patrón estelar característico de la constelación de Orión en el cielo nocturno. Fuente: BBC Weather
En la práctica, los meteoros pueden encenderse en cualquier cuadrante del firmamento. Aunque Orión gana altura durante la segunda mitad de la noche ofreciendo una visión más despejada, fijar los ojos en una sola estrella resulta contraproducente.
Observar una lluvia de estrellas no requiere telescopios ni prismáticos; de hecho, utilizarlos reduce el campo de visión e impide cazar los meteoros. La visión panorámica del ojo humano es la mejor herramienta disponible. Tan solo se necesita un rincón despejado, apartado de farolas y luces artificiales, y una postura cómoda para contemplar la bóveda celeste.
La interferencia de la Luna: claves para observar en la madrugada
En este otoño de 2026, las condiciones astronómicas presentan un pequeño inconveniente: la presencia de la Luna.
El plenilunio o luna llena tendrá lugar el 26 de octubre, por lo que durante las noches de mayor actividad (21 y 22 de octubre) el satélite lucirá casi completamente iluminado en lo alto del cielo. Su resplandor actuará como un filtro natural que ocultará los meteoros más tenues.
A pesar de que la luz lunar reducirá el recuento visible total, las Oriónidas destacan por su alta velocidad y notable brillo, produciendo con frecuencia bólidos o bolas de fuego capaces de perforar el brillo lunar. Los expertos recomiendan realizar la observación a partir de la medianoche y hasta las horas previas al amanecer, cuando el radiante se encuentra en su punto más alto y la trayectoria atmosférica de los meteoros es más prolongada.
Al llegar al lugar de observación, es imprescindible dar a los ojos entre 15 y 20 minutos para acostumbrarse a la oscuridad. Guardar el teléfono móvil y evitar pantallas brillantes es fundamental para activar la visión nocturna y maximizar las posibilidades de cazar cada destello en el cielo.
Un cometa en el espacio profundo, un legado que llueve cada año
El cometa Halley se encuentra actualmente cerca de su afelio, el punto más alejado del Sol en su órbita elíptica, a miles de millones de kilómetros de distancia en la oscuridad helada del sistema solar exterior. Ni siquiera los telescopios ópticos más potentes del planeta pueden captar su imagen con facilidad.
Sin embargo, los minúsculos granos que sembró en su camino hace siglos continúan girando puntualmente alrededor del Sol. Cada año, la Tierra vuelve a encontrarse con este río de polvo, despertando a esas partículas dormidas en forma de luminosas saetas celestes.
No hace falta esperar a 2061 para tener un encuentro con el cometa Halley. Cuando el frío de octubre te sorprenda mirando al cielo y veas cruzar una estrella fugaz, estarás contemplando con tus propios ojos un auténtico fragmento del cometa más famoso de la historia.
Referencias:
- Información de BBC Weather