En la cocina, al colocar cuatro monedas sobre una báscula digital, la pantalla marca exactamente diez gramos. En la preparación de cualquier plato, esa insignificante cantidad apenas alcanzaría para sazonar un filete de carne.
En la madrugada de este 20 de octubre de 2026, un cohete despegó desde el Centro Espacial de Tanegashima en Japón. La sonda que viaja en su interior afronta un periplo de casi cinco años de ida y vuelta a Marte. Su único cometido: traer de regreso a la Tierra un puñado de polvo extraterrestre con ese mismo peso simbólico.
Cientos de millones de kilómetros por el peso de cuatro monedas
A las 03:41 (hora de Pekín) de esta mañana, el cohete japonés H3 despegó transportando la sonda MMX (Martian Moons eXploration). Liderada por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), la nave de cuatro toneladas emprendió formalmente su viaje por el espacio profundo.
El vehículo espacial navegará durante casi un año y alcanzará la órbita de Marte en agosto de 2027. Allí permanecerá tres años estudiando de cerca a Fobos, la mayor de las dos lunas marcianas, antes de posarse para tomar muestras de su suelo. En 2031, la cápsula retornará a la Tierra con su valiosa carga.
En el sistema solar interior, la Tierra cuenta con la Luna y Marte es el único otro planeta acompañado por satélites naturales: dos pequeñas rocas irregulares. Fobos, la mayor de ellas, tiene la forma accidentada de una patata y mide apenas 20 kilómetros de extremo a extremo, una distancia similar a cruzar una ciudad en coche. Pese a sus reducidas dimensiones, una nave cruzará cientos de millones de kilómetros para desentrañar sus secretos.
Diez gramos pueden parecer una nimiedad, el equivalente al peso de cuatro monedas de centavo o un par de pasas. Sin embargo, en la exploración del espacio profundo, sacar cada gramo adicional fuera del pozo gravitatorio de un cuerpo celeste exige un gasto exponencial de combustible. Para el instrumental de laboratorio actual, un pellizco de polvo puro proporciona material suficiente para décadas de investigaciones científicas en todo el mundo.
Figura: La sonda MMX sobrevolando Marte y su luna Fobos. Fuente: JAXA/BBC.
Un microrrover explorador y dos sistemas mecánicos de recogida
Recoger regolito en la superficie de un cuerpo celeste diminuto y casi sin gravedad entraña una dificultad técnica muy superior a la de los antiguos alunizajes. La gravedad en la superficie de Fobos es aproximadamente una milésima parte de la terrestre. Un simple contacto descontrolado bastaría para que la nave rebotara violentamente hacia el espacio exterior.
Para evitar este riesgo de colisión, el equipo de ingenieros diseñó una aproximación escalonada. Antes de que la nave nodriza intente posarse, liberará un microrrover llamado Idefix. Desarrollado conjuntamente por Francia y Alemania, este pequeño vehículo pesa unos 25 kilogramos y tiene el tamaño de un horno microondas. En un entorno de gravedad casi nula, rodará lentamente sobre el terreno para medir la dureza y la cohesión de la superficie.
La información remitida por Idefix permitirá al centro de control elegir una zona de aterrizaje plana y despejada. Acto seguido, la nave MMX llevará a cabo dos descensos breves. Cada permanencia sobre el terreno durará unas pocas decenas de minutos, activando dos sistemas de muestreo independientes.
El primer dispositivo es un taladro sacatestigos capaz de perforar unos 2 centímetros de profundidad para extraer fragmentos de roca consolidada. El segundo es un mecanismo neumático que dispara ráfagas de gas a presión para levantar el polvo superficial e introducirlo en el contenedor hermético. Esta redundancia operativa garantiza la recolección de un mínimo de diez gramos de muestra.
La cápsula sellada reentrará en la atmósfera terrestre en 2031 y aterrizará en paracaídas sobre el desierto de Woomera, en el sur de Australia. El Centro Espacial Johnson de la NASA recibirá aproximadamente un 15 % del material recolectado para su posterior análisis.
Figura: Ciclo completo de la misión MMX, desde el despegue y la exploración hasta el muestreo y el regreso a la Tierra. Fuente: JAXA/BBC.
Diez gramos de minerales para resolver el enigma de su origen
Los científicos aguardan con expectación este pequeño puñado de polvo porque el origen de Fobos sigue siendo uno de los mayores enigmas de la astronomía moderna. Durante medio siglo, la comunidad planetaria ha permanecido dividida entre dos hipótesis incompatibles.
La primera es la hipótesis del gran impacto: en los albores del sistema solar, un protoplaneta chocó violentamente contra Marte, proyectando al espacio gigantescas cantidades de corteza fundida. Estos fragmentos se enfriaron y coalescieron en órbita hasta formar dos pequeñas lunas.
La segunda teoría defiende que se trata de un asteroide capturado: Fobos habría sido un cuerpo errante procedente de los confines del cinturón de asteroides que, al rozar las inmediaciones de Marte, fue atrapado por su campo gravitatorio.
Las firmas mineralógicas de ambos escenarios son completamente opuestas. La experta en análisis de muestras extraterrestres Sara Russell subraya: “Una vez tengamos las muestras en el laboratorio, se sabrá de inmediato si proceden de un impacto violento o si se trata de un asteroide capturado”. Si el material contiene silicatos que sufrieron fusiones a altísimas temperaturas, prevalecerá la hipótesis del choque; si por el contrario abundan los compuestos orgánicos primitivos y las arcillas hidratadas, la hipótesis de la captura quedará confirmada.
Figura: Marte junto a sus dos satélites irregulares, Fobos y Deimos. Fuente: NASA/BBC.
Un depósito natural de restos marcianos primordiales
Esta expedición de retorno de muestras esconde además una valiosa recompensa imprevista. Fobos orbita más cerca de su planeta que cualquier otra luna del sistema solar, desplazándose a tan solo 6000 kilómetros de la superficie marciana. Se trata de una distancia más corta que la mayoría de los vuelos intercontinentales. Desde el suelo de Fobos, el disco rojo de Marte domina la mitad entera del cielo.
Debido a esa cercanía, Fobos ha actuado durante miles de millones de años como una bandeja receptora de los escombros despedidos por Marte. Cada vez que un meteorito colisionaba contra el planeta rojo, eyecciones de corteza salían disparadas hacia el espacio. En su órbita cercana, Fobos atravesaba estas nubes de polvo reteniendo las partículas marcianas en su capa de regolito.
Los modelos teóricos estiman que varios puntos porcentuales del suelo superficial de Fobos corresponden a fragmentos procedentes de Marte. En el propio planeta rojo, el viento, la atmósfera y el agua pasada han meteorizado y borrado las rocas primitivas. En cambio, en el vacío esterilizado y congelado de Fobos, estos diminutos granos conservan intacto el registro del Marte primigenio de hace miles de millones de años.
Figura: La superficie salpicada de cráteres de Fobos capturada por la sonda Mars Reconnaissance Orbiter. Fuente: Universidad de Arizona, JPL-Caltech/NASA/Science News.
Muestras sin alterar para eludir la contaminación terrestre
Muchos se preguntarán por qué la comunidad científica no se limita a estudiar los meteoritos marcianos caídos en nuestro planeta. Los meteoritos de Marte recuperados en la Tierra son extremadamente escasos y, desde el instante en que tocan el suelo, quedan contaminados por la humedad atmosférica y la biomasa microbiana de nuestro entorno. Solo una muestra envasada al vacío y sellada directamente en el espacio puede ofrecer un testimonio geológico inalterado.
Los investigadores confían plenamente en el rendimiento de estas cantidades milimétricas. Michael Zolensky, científico de la NASA, recuerda: “Unos pocos gramos de muestra constituyen un auténtico tesoro para la ciencia”. En la misma línea, la investigadora planetaria Chrysa Avdellidou recalca: “Para hacer ciencia de frontera no se necesitan cargamentos de kilos; cada gramo cuenta”. Gracias a la espectrometría de masas de última generación, unas pocas partículas bastan para determinar con precisión la edad cronológica y los orígenes del material.
La exploración de las lunas marcianas figura entre los desafíos más esquivos de la astronáutica. En las últimas décadas, tres misiones dirigidas hacia estos satélites fracasaron por averías motrices o de telecomunicaciones. Mientras el programa Mars Sample Return de la NASA lidia con recortes presupuestarios y reprogramaciones, y China planea una misión de retorno marciano hacia 2028, la sonda MMX lanzada esta mañana podría convertirse en la primera de la historia en traer a la Tierra regolito virgen del sistema marciano.
En la balanza de una cocina, 10 gramos de polvo resultan casi imperceptibles. Sin embargo, cuando esos granos minerales toquen tierra en el desierto australiano en 2031, su arquitectura cristalina resolverá una de las mayores incógnitas del cosmos. Ese diminuto puñado de tierra bastará para desvelar cómo se formaron las misteriosas lunas de Marte.
Enlaces de referencia:
- Cobertura de la BBC
- Cobertura de Science News