El escándalo de acoso de eBay: Un acuerdo de 56 millones de dólares tras una campaña de terror
A raíz de un artículo periodístico crítico, el equipo ejecutivo del gigante mundial del comercio electrónico eBay planificó una campaña de acoso sistemático durante meses: envío de larvas vivas, máscaras sangrientas de cerdo, libros sobre cómo superar la viudez, seguimiento físico a través de varios estados y extraños llamando a la puerta a las 4:30 de la madrugada. El 28 de julio de 2026, el caso concluyó definitivamente con un acuerdo civil de 56 millones de dólares. Un exhaustivo reportaje de investigación del Financial Times volvió a poner bajo los focos la siniestra frase de un alto directivo: “Crush this lady” (“Aplasten a esa señora”). En Hacker News, la noticia alcanzó rápidamente 150 puntos y 66 comentarios llenos de estupefacción ante la gravedad de los hechos.
Una pequeña revista digital gestionada por dos personas irrita a un gigante global
Los protagonistas de esta historia son un matrimonio estadounidense: Ina y David Steiner. En 1999, crearon EcommerceBytes, un boletín especializado para vendedores de comercio electrónico que informaba sobre cambios en las tarifas, reglas de las plataformas, consejos comerciales y duras críticas hacia los abusos de los gigantes del sector. Operado sin empleados desde su propio domicilio durante más de dos décadas, el sitio registraba unas 600.000 visitas mensuales y era lectura obligada para miles de comerciantes. Lo que los Steiner no sabían era que la cúpula ejecutiva de eBay también leía atentamente su publicación.
Imagen: Ina Steiner relata su experiencia del verano de 2019 en el programa Good Morning America. Fuente: ABC Good Morning America
Un mensaje de texto: “Acaben con ella”
En 2019, eBay atravesaba un momento complicado. El fondo activista Elliott había comprado acciones y exigía abiertamente cambios en el consejo de administración, sometiendo a los directivos a una gran presión. En abril de ese año, Ina publicó un artículo señalando que el sueldo del entonces CEO, Devin Wenig, equivalía a 152 veces el salario del empleado medio de eBay. La información desató la furia de la cúpula. El director de comunicación, Steve Wymer, envió un mensaje a Wenig: “We are going to crush this lady” (“Vamos a aplastar a esta señora”). Un mes después, tras otro artículo crítico, Wenig respondió: “Take her down” (“Acaben con ella”).
El mandato “acaben con ella” se interpretó de forma literal. Wymer acudió inmediatamente a Jim Baugh, director de seguridad de la compañía. En sus mensajes de texto se leía: “Quiero ver cenizas. Cueste lo que cueste”. Baugh respondió: “Tengo órdenes: buscar y destruir”. Así comenzó una operación criminal financiada con recursos de la propia corporación.
Aquel verano: Larvas vivas, máscaras sangrientas y coronas de flores
Lo que sucedió a continuación parecía una mezcla de bromas macabras y película de terror:
- Una mañana de junio, David descubrió que en su valla recién pintada de blanco habían escrito con aerosol negro “Fidomaster”, el seudónimo de un comentarista ácido de su propia web. Los autores buscaban culpar a un troll de internet.
- A partir de agosto, empezaron a llegar paquetes aterradores: una caja con larvas y arañas vivas, un feto de cerdo conservado en formol, una máscara de cerdo sangrienta inspirada en la película Saw, una corona funeral y un libro titulado Surviving Loss of a Spouse (“Cómo sobrevivir a la pérdida del cónyuge”) — toda una amenaza de muerte directa.
- Registraron al matrimonio en más de 50 suscripciones de correo basura no deseado, desde boletines sobre el síndrome del intestino irritable hasta la Iglesia de Satanás y revistas pornográficas. Algunas revistas de contenido adulto a nombre de David fueron enviadas intencionadamente a casas de los vecinos para humillarlos públicamente.
- Encargaron pizzas a domicilio a altas horas de la madrugada para que repartidores llamaran a su puerta a las 4:30.
- Publicaron anuncios falsos en Craigslist afirmando que en la vivienda se celebraban fiestas sexuales con acceso libre a desconocidos.
- Operativos de seguridad los siguieron en vehículos de alquiler — un furgón negro con matrícula de Nueva York y un SUV plateado — alojándose en el hotel Ritz-Carlton. El plan incluía incluso colarse en su garaje para colocar un rastreador GPS en su coche.
Imagen: Una de las piezas clave de evidencia: la máscara de cerdo sangrienta inspirada en la película Saw enviada al matrimonio Steiner. Fuente: ABC Good Morning America
Ina y David llegaron a tener tanto miedo que dejaron de salir a comprar comida, dormían en habitaciones separadas, apilaban ollas y sartenes junto a la puerta como alarma improvisada y guardaban bates de béisbol y palos de golf junto a la cama. David sufrió dos ataques de pánico y se desmayó en la calle mientras intentaba seguir a los acosadores o llamar a la policía. Como declaró Ina más tarde: “Pensaba que realmente iban a aplastarnos”.
Descubiertos por las propias víctimas
La policía local no lograba avanzar en la investigación. Al final, fueron los propios Steiner quienes desenmascararon la trama: un amigo fotografió la matrícula de uno de los coches sospechosos y David atrajo el SUV plateado hasta la puerta de la comisaría para tomarle fotos claras. El registro del coche de alquiler llevó hasta Veronica Zea, una analista de inteligencia contratada por eBay. Tirando de ese hilo, el FBI destapó toda la red criminal.
La cadena de mando nacía en el CEO, pasaba por el director de comunicación y llegaba al equipo de seguridad de eBay: el director Baugh (quien afirmaba haber trabajado para la CIA), dos ex policías (Gilbert y Cooke), los analistas Popp y Stockwell, y la contratista Zea. Con experiencia policial, el grupo aplicó técnicas de contrainteligencia mientras viajaba entre California y Boston. Baugh presumía en WhatsApp: “Estos dos están paranoides perdidos, ja, ja”. Lo más retorcido era el plan posterior: tras aterrorizar al matrimonio, Gilbert aparecería oficialmente como un “caballero blanco” representando a eBay para ayudarles falsamente a capturar al acosador anónimo y desenmascarar a “Fidomaster” para complacer al CEO.
Imagen: Sede central de eBay en San José, California. Fuente: Smith Collection/Gado (Getty Images)
57 meses: El precio legal del acoso corporativo
En septiembre de 2019, el acoso cesó bruscamente cuando la policía federal intervino. eBay inició una investigación interna y despidió a los siete implicados en el equipo de seguridad y al director de comunicación Wymer. El CEO Devin Wenig dimitió ese mismo mes cobrando una indemnización de 57 millones de dólares.
En junio de 2020, el Departamento de Justicia de EE. UU. imputó a los siete ex empleados por conspiración para acoso cibernético y manipulación de testigos. La propia empresa eBay pagó una multa penal de 3 millones de dólares mediante un acuerdo de procesamiento diferido. Los siete acusados se declararon culpables: el cabecilla Baugh fue condenado a 57 meses de prisión (4 años y 9 meses), Harville a 24 meses, Cooke a 18 meses, Popp a 12 meses, Gilbert a una multa de 20.000 dólares más el tiempo cumplido, y otros dos analistas a un año de arresto domiciliario cada uno. Las palabras del fiscal Lelling fueron ampliamente difundidas: “Fue un esfuerzo decidido y sistemático por parte de altos directivos de una gran corporación para destruir la vida de un matrimonio en Natick por el único motivo de haber publicado contenidos que no gustaban a los ejecutivos”.
Cincuenta y siete meses son casi cinco años de cárcel. Para un ejecutivo que ganaba millones, esto supuso el fin de su carrera. Sin embargo, en comparación con las secuelas psicológicas permanentes causadas a las víctimas — David aún siente temor al abrir paquetes — la condena resulta moderada. Demuestra que la justicia suele tasar a la baja los delitos cometidos con recursos corporativos.
Lo más irónico: Los mandantes salieron indemnes
La parte superior de la cadena de mando nunca rindió cuentas ante la justicia penal. Ni Wenig ni Wymer fueron imputados. La investigación interna de eBay concluyó que los altos directivos “no sabían” que se iban a cometer delitos y que solo emplearon “lenguaje inapropiado”. En el programa 60 Minutes, el abogado de las víctimas denunció que Wymer borró todos sus mensajes de texto nada más recibir la notificación judicial de conservación de pruebas: “Si yo hubiera hecho eso, ahora estaría en la cárcel”.
Las trayectorias posteriores resultan indignantes. Tras marchar con 57 millones de dólares, Wenig mantuvo su puesto en el consejo de administración de General Motors y actualmente dirige una startup de inteligencia artificial. Wymer asumió al año siguiente la dirección de una ONG infantil en Silicon Valley. Otra directiva salpicada, Wendy Jones, se incorporó al consejo de Prudential Financial. En Hacker News, los usuarios mostraron su indignación al revisar estos currículums: los ejecutores de bajo nivel van a prisión, mientras que los altos mandos cambian de empresa para seguir en consejos de administración. Un usuario resumió la dinámica: “Es la típica cultura mafiosa: el jefe solo dice ‘encárgate de esto’, los subordinados interpretan la orden y cometen el delito, y en los documentos jamás queda huella del verdadero culpable”.
56 millones de dólares: Una victoria amarga y costosa
Tras el proceso penal, los Steiner continuaron su demanda civil contra eBay y sus ex directivos durante cinco años. Tras fracasar un intento de acuerdo a principios de 2026, el juicio se reanudó en junio y concluyó el 28 de julio de 2026 con un pacto de 56 millones de dólares. De esa cifra, Wenig pagará 2 millones de su bolsillo, Jones 500.000 dólares y Wymer 50.000 dólares — aquel mensaje de “aplasten a esa señora” acabó costándole 50.000 dólares a su autor tras un lustro de litigios.
¿Qué representan 56 millones de dólares? Casi exactamente la misma cantidad que la indemnización de salida de Wenig (57 millones). Lo que cobró un CEO por dimitir equivale al precio fijado por cinco años de terror sufridos por dos personas. Para una empresa del tamaño de eBay es una cantidad menor, pero al menos constituye una constatación oficial del daño causado y de las faltas cometidas por la compañía. Tras alcanzar el acuerdo, el matrimonio afirmó que seguirá haciendo lo que lleva haciendo 27 años: actualizar su web e informar sobre el comercio electrónico, con sus luces y sus sombras.
Cómo un equipo directivo derivó colectivamente en la delincuencia
Analizando las actas judiciales y los reportajes publicados, surge una pregunta inevitable: ¿Cómo personas formadas y acomodadas terminan cayendo juntas en la delincuencia?
Varios factores coincidieron. El primero fue la arrogancia del poder. Bajo la presión de fondos activistas y exigencias financieras, los directivos consideraron las críticas externas como ataques maliciosos a la empresa; la venganza se disfrazó de “protección de la compañía”. Cuando alguien cree actuar por una causa justa, pierde los frenos morales. El segundo fue la dilución de la culpa mediante la delegación en cadena. La orden “acaben con ella” pasó del CEO al director de comunicación, de este al jefe de seguridad y de ahí a los ex policías, convirtiéndose finalmente en el envío de una caja de gusanos. En cada eslabón, los implicados se justificaban pensando que solo cumplían órdenes. El tercero fue que los recursos corporativos redujeron a cero la barrera para delinquir: con ex policías, presupuestos y analistas a su disposición, encargar un acoso era tan fácil como reservar un billete de avión. El cuarto fue el silencio de la organización. Cuando Baugh presumía en el chat de sus tácticas, nadie dijo “esto está mal”. En una cultura corporativa basada en la lealtad ciega, quien pide frenar se convierte en un apestado.
Cada uno de estos factores por separado puede no parecer extremo, pero combinados transformaron el verano de un matrimonio corriente en una auténtica pesadilla. Quienes la hicieron realidad eran ejecutivos de un gigante tecnológico mundial, con títulos de prestigio, residencias de lujo y sueldos millonarios. El estatus y la sofisticación jamás han sido garantía de integridad moral.
Qué significa este caso para el ciudadano común
De este escándalo se extraen dos lecciones clave para cualquier persona:
En primer lugar, el desequilibrio de poder entre un individuo y una gran corporación es dramáticamente real. Veinte años de periodismo independiente le valieron a los Steiner la orden directiva de “aplastar a esa señora”. Cualquier reseña negativa, reclamación de consumo o exigencia de derechos puede molestar a un ejecutivo, y la capacidad de la empresa para movilizar recursos es infinitamente superior a la de un ciudadano corriente.
En segundo lugar, este matrimonio demostró que la ley sigue siendo una de las pocas herramientas con las que los ciudadanos pueden plantar cara a los Gigantes corporativos. A base de cámaras de vigilancia, matrículas anotadas y cinco años de tenacidad, lograron encarcelar a siete acosadores y obtener una indemnización de 56 millones de dólares. En 2024, su historia fue llevada al cine en el documental At Any Cost: Inside the eBay Scandal. En las imágenes, Ina aparece de nuevo sentada frente al ordenador en su pequeña oficina doméstica, escribiendo sin descanso.
En este mes de agosto de 2026, la investigación del Financial Times vuelve a hacer viral este caso. Ojalá sirva de inspiración a quienes dudan sobre si publicar o no una crítica honesta: escriban. Alguien pasó por un infierno por defender ese derecho y acabó demostrando que la justicia es posible.
Enlaces de referencia:
- Reportaje especial de FT: ‘Crush this lady’: How eBay’s campaign of terror ended in a $56m settlement (Finales de julio de 2026)
- Hilo de discusión en Hacker News (item 49147435, 150 puntos / 66 comentarios)
- Investigación de Boston Magazine: “Take Her Down”: Inside eBay’s Stalking Campaign Against a Natick Couple (2021)
- Associated Press: eBay alcanza un acuerdo de casi 50 millones de dólares en el caso de acoso (Julio de 2026)
- Reportaje de CBS 60 Minutes (2023): El matrimonio Steiner relata los detalles del acoso y seguimiento
- Wikipedia: eBay stalking scandal (Cronología y resumen de condenas)