Neuronas humanas asumen el control de la corteza en ratones: un giro decisivo para los fármacos psiquiátricos

Neuronas humanas asumen el control de la corteza en ratones: un giro decisivo para los fármacos psiquiátricos

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Fuentes:BBC News

El 99 % de los psicofármacos fracasa en ensayos animales: los ratones no padecen depresión

Quienes han padecido depresión o trastornos de ansiedad conocen bien este calvario. Tras recibir la prescripción médica, a menudo deben pasar semanas o incluso meses probando distintos fármacos y ajustes de dosis hasta dar con una combinación que funcione. Los fármacos psiquiátricos presentan una de las tasas de fracaso más elevadas en los ensayos clínicos; un sinfín de moléculas candidatas que brillan en las pruebas preliminares de laboratorio terminan colapsando cuando se evalúan en seres humanos.

Este callejón sin salida responde a una barrera biológica fundamental: la arquitectura cerebral de los animales de experimentación es radicalmente distinta a la humana. Los ratones de laboratorio estándar sencillamente no pueden desarrollar trastornos mentales propios de nuestra especie. Patologías complejas como la depresión y el autismo implican alteraciones en circuitos neuronales de la corteza cerebral superior. Cuando los investigadores ensayan compuestos en roedores, solo obtienen respuestas del sistema nervioso de un roedor, datos que resultan insuficientes para reflejar la verdadera neurobiología humana.

Para conseguir mediciones más representativas, la comunidad científica recurrió en el pasado al cultivo de cúmulos celulares in vitro. Sin embargo, los organoides cerebrales suspendidos en placas de cultivo carecen de riego sanguíneo y son incapaces de emular las ricas interacciones eléctricas de un cerebro vivo. Encontrar un organismo hospedador capaz de albergar y mantener circuitos neuronales humanos funcionales in vivo ha sido siempre uno de los mayores desafíos de la neurociencia.

Cirugía genética para despejar espacio: células humanas trasplantadas reconstruyen la corteza

Un equipo de la Universidad de Stanford ha presentado ahora un avance histórico en la revista Nature. En primer lugar, los investigadores aplicaron modificaciones genéticas en embriones de ratón para provocar un estado apalial (apallial, una condición fisiológica en la que mutaciones específicas impiden el desarrollo del neocórtex y del hipocampo). Esta intervención genética generó una amplia cavidad vacía en el cráneo del roedor, justo en el espacio que debería ocupar la corteza cerebral.

A continuación, el equipo reprogramó células cutáneas humanas para transformarlas en células madre pluripotentes inducidas (iPSC) y las cultivó in vitro para dar forma a organoides corticales (cortical organoids, estructuras tridimensionales de tejido cerebral humano en miniatura). En las primeras fases tras el nacimiento, los científicos trasplantaron estos cúmulos de células humanas directamente en la cavidad craneal de los ratones. A estos roedores se los denomina genéricamente «ratones xenocorticales» (xenocortical mice), animales cuya corteza cerebral está integrada y reconstruida de forma autónoma por neuronas de origen humano.

A medida que los ratones crecían, las células humanas trasplantadas completaron un desarrollo espontáneo dentro del hospedador vivo. Las neuronas humanas no solo colonizaron por completo el espacio vacío, sino que formaron neuronas piramidales de la capa 5 (layer 5 pyramidal neurons), los componentes principales de la corteza cerebral encargados de transmitir señales e instrucciones a larga distancia. De forma asombrosa, incluso tipos celulares específicos que hasta ahora solo se habían detectado en cerebros humanos surgieron de manera espontánea en el cráneo del roedor.

Escaneo cerebral de un ratón con células cerebrales humanas trasplantadas Ilustración: Escaneo cerebral de un ratón con células cerebrales humanas trasplantadas; las líneas en color marcan las vías neuronales. Fuente: Stanford

Actividad eléctrica regular in vivo: los ratones de seis meses conservan sus capacidades motoras

Estas células trasplantadas entre especies no quedaron reducidas a islas biológicas aisladas. Mediante técnicas de imágenes de calcio (calcium imaging) —un método de registro fluorescente que captura en tiempo real las descargas eléctricas de neuronas vivas—, el equipo comprobó que las neuronas humanas habían establecido conexiones sinápticas funcionales con las áreas cerebrales adyacentes del ratón. Las neuronas humanas recibían las señales sensoriales del roedor y producían ráfagas eléctricas ordenadas y coordinadas.

La esperanza de vida habitual de un ratón ronda los dos años. El equipo siguió la evolución de los animales durante seis meses tras el injerto, lo que equivale a monitorizar una cuarta parte de su ciclo biológico vital. A lo largo de este periodo, las neuronas humanas conservaron su característico ritmo de maduración lenta, sin experimentar anomalías ni verse aceleradas por el metabolismo más rápido del ratón.

En las pruebas de conducta, los ratones xenocorticales demostraron una sólida adaptación fisiológica. Sus habilidades motoras básicas eran idénticas a las del grupo de control, sin mostrar aumentos anómalos de inteligencia ni rasgos extravagantes. Los científicos solo detectaron sutiles variaciones en la coordinación de las extremidades, lo que confirma de forma directa que los circuitos humanos estaban participando activamente en la modulación del movimiento del animal.

Circuitos humanos en roedores de laboratorio: la ciencia ante el dilema bioético

La integración y funcionamiento de células cerebrales humanas en el cráneo de animales ha suscitado una profunda reflexión en la comunidad bioética. La Dra. Sarah Chan, bioeticista de la Universidad de Edimburgo, subrayó que los ratones no muestran indicios de pensamiento reflexivo ni autoconciencia similar a la humana, pero admitió que la investigación obliga a revisar las líneas rojas sobre la alteración cognitiva en animales. Evaluar la experiencia perceptiva y sensorial de estas quimeras constituye un reto ineludible para la bioética contemporánea.

Por su parte, la neurocientífica Ilary Allodi, de la Universidad de St Andrews, destacó que el cerebro del ratón ejerció de «incubadora natural» para el injerto humano. Aunque la arquitectura del córtex trasplantado presenta cierto desorden anatómico respecto a un cerebro humano habitual, su capacidad de autoorganización ha superado todas las expectativas teóricas. Otros investigadores advirtieron también de que las exigencias de regulación ética y los rigurosos protocolos experimentales podrían modular el ritmo de implantación de la técnica.

Ratón blanco de laboratorio sobre una mano con guante azul Ilustración: Ratón blanco de laboratorio sobre una mano con guante azul protector. Fuente: BBC

El equipo de Stanford insiste en que el objetivo exclusivo de esta tecnología es construir modelos de enfermedad precisos, manteniendo las capacidades cognitivas de los animales en niveles estables y previsibles. Avanzar bajo una estricta supervisión ética es la garantía indispensable para trasladar estos avances a la práctica clínica.

Pruebas in vivo que rompen barreras: llega un modelo neuronal humano real

El hito de Stanford abre una vía de gran valor para el cribado de fármacos en patologías como el autismo, la epilepsia y los trastornos del neurodesarrollo. Hasta hoy, los laboratorios dependían de ensayos en placas o en roedores convencionales. Ahora es posible analizar de forma directa cómo modulan los compuestos terapéuticos los circuitos neuronales humanos dentro de un organismo vivo. Este cribado in vivo reducirá drásticamente los elevados costes de ensayo y error de las primeras fases clínicas.

Para el desarrollo de fármacos psiquiátricos, estancado desde hace décadas, esta tecnología cubre un vacío metodológico crítico. Probar moléculas sobre redes neuronales humanas activas in vivo permitirá descartar compuestos ineficaces o con toxicidad imprevista mucho antes de iniciar costosos ensayos en pacientes.

Lograr que neuronas humanas formen una corteza funcional dentro de un ratón permite, por primera vez, someter circuitos neuronales humanos reales a pruebas farmacológicas en un organismo vivo. La raíz del fracaso del 99 % de los fármacos psiquiátricos siempre ha sido que los ratones no sufren las enfermedades mentales humanas. Este roedor dotado de circuitos corticales humanos ha abierto la brecha decisiva para superar ese histórico bloqueo.

Enlaces de referencia:

  • Reportaje de BBC News
  • Artículo de Nature