En agosto de 2026 se lanzó LibreOffice 26.8. Entre los comentarios al anuncio oficial, un usuario planteó una pregunta con cierta ironía: «¿Entonces, no llevar IA se ha convertido ahora en una característica?»
Lejos de ignorar la cuestión, The Document Foundation (TDF) respondió el 3 de septiembre publicando una lista de seis criterios técnicos infranqueables para la admisión de funciones de inteligencia artificial. Utilizada por decenas de millones de personas en escuelas, hospitales, administraciones públicas y bufetes de abogados, esta suite ofimática no incorporará ninguna función a su configuración predeterminada que no cumpla de forma rigurosa con los principios del proyecto. Esta lista redefine el baremo de integración: la pregunta ya no es si se incluye IA, sino dónde se procesa la inferencia, adónde se envían los datos y a quién pertenece la soberanía del formato. Para las suites comerciales basadas en suscripciones periódicas, este estándar resulta prácticamente inviable, ya que sus funciones y su modelo de negocio se refuerzan mutuamente.
Imagen: El equipo de LibreOffice subraya la opcionalidad en su blog. Fuente: Blog de The Document Foundation
Seis criterios estrictos que el modelo de suscripción no puede cumplir
LibreOffice no rechaza la inteligencia artificial por principio. La fundación define estas seis condiciones como una evaluación objetiva del estado actual de la tecnología. Solo si una función satisface la totalidad de los requisitos podrá formar parte de la instalación base:
Primero, ejecución bajo control del usuario. El usuario debe poder decidir con total libertad dónde se ejecuta la inferencia: en su ordenador local, en una infraestructura propia bajo su control directo o en un servicio externo elegido de manera independiente. Una configuración por defecto que redirija el tráfico silenciosamente hacia un único proveedor no es una opción real.
Segundo, prohibición de transferir contenidos sin autorización explícita. En entornos profesionales, los documentos constituyen activos sometidos a estrictas normas de protección jurídica: historiales médicos, expedientes judiciales, ofertas de licitación pública y datos académicos. El envío de información debe derivar siempre de una acción consciente del usuario, nunca de un comportamiento opaco ejecutado en segundo plano por la aplicación.
Tercero, política de cero telemetría. LibreOffice mantiene desde sus orígenes el compromiso inquebrantable de no recopilar datos de uso. Este principio se aplica con igual rigor a cualquier función de IA. El registro de interacciones o la frecuencia de uso no pueden empaquetarse ni transmitirse bajo ninguna circunstancia.
Cuarto, ausencia de dependencia respecto a un único proveedor. Una integración concebida exclusivamente para la API propietaria de una empresa constituye un mecanismo de cautiverio (vendor lock-in), al margen de cómo se disfrace en las notas de lanzamiento. Las interfaces deben ser abiertas, compatibles con múltiples motores de ejecución y permitir al usuario cambiar de modelo subyacente con total libertad.
El control del formato decide la propiedad de los documentos
Quinto, compromiso irrenunciable con el formato ODF. El contenido generado por IA debe integrarse como cualquier otro texto en el estándar ODF (Open Document Format), preservando intactas la estructura, los estilos y la semántica del documento. Un asistente que genere contenidos en formatos propietarios perpetúa la captura de los datos a lo largo de todo el ciclo de vida documental.
Sexto, carácter estrictamente opcional. Los módulos de IA deben poder instalarse y desinstalarse con facilidad. Para quienes no deseen utilizarlos, o en redes corporativas donde su uso esté vetado por política interna, deben desaparecer por completo de la interfaz de usuario. Esta condición garantiza el control indispensable para los administradores de sistemas encargados de desplegar el software en miles de puestos de trabajo.
Frente a esta rigurosa lista de control, el diagnóstico de la fundación es contundente: en la actualidad no existe ninguna integración de IA capaz de cumplir los seis requisitos, de activarse por defecto y de recibir soporte continuo durante todo el ciclo de soporte de una versión. Este estándar técnico corta de raíz la penetración de los asistentes propietarios en la base ofimática del software libre.
Imagen: LibreOffice subraya que los documentos deben permanecer bajo el control del usuario. Fuente: Blog de The Document Foundation
Las extensiones de terceros asumen la demanda local
Esto no implica que los usuarios de LibreOffice queden desconectados del ecosistema de los grandes modelos de lenguaje. Arquitectónicamente, la fundación mantiene una vía de acceso clara: quienes necesiten capacidades de IA pueden recurrir a extensiones desarrolladas por terceros.
La mayoría de las extensiones funcionales actuales se conectan a modelos de código abierto ejecutados en local mediante herramientas como Ollama, LM Studio o puntos de enlace compatibles con la API de OpenAI. En este flujo, toda la inferencia se lleva a cabo en el hardware del equipo, garantizando que el documento no abandone el entorno local. No obstante, la fundación advierte de que estas extensiones presentan distintos niveles de madurez y son mantenidas por sus respectivos autores, no por The Document Foundation.
Tanto usuarios como administradores deben auditar estos complementos con el mismo rigor que aplicarían a cualquier software externo, comprobando si existen conexiones ocultas a la nube y qué tratamiento da el proveedor a los datos transmitidos. La existencia de estos modelos locales demuestra dos realidades: que existe una demanda genuina y que es perfectamente viable procesar textos con IA sin necesidad de transferir documentación confidencial a los gigantes tecnológicos.
El modelo de negocio determina el destino de los datos
El motor principal detrás de esta lista de admisión radica en la disparidad de modelos de negocio.
Para las compañías que comercializan software mediante suscripción mensual, embutir un asistente de IA en la pantalla principal es el núcleo de su estrategia de ingresos. La IA justifica el incremento de las tarifas y normaliza la retención de todos los documentos dentro de sus propias nubes. Funcionalidad y modelo de facturación se retroalimentan, convirtiendo la integración forzada de la IA en un mandato comercial inexorable.
The Document Foundation, en cambio, opera como una organización sin ánimo de lucro. No tiene categorías de suscripción que proteger, ni cuotas de venta cruzada que cumplir, ni datos de usuarios que monetizar. Esta diferencia estructural la libera de las presiones de los balances trimestrales. Como reconoce el propio equipo en su blog, esto no significa que la fundación sea más sabia que el resto, sino que dispone del tiempo necesario para discernir si una tecnología resulta realmente útil para su comunidad.
El debate comunitario se centra en la viabilidad local
En la comunidad técnica Lobsters, el debate sobre estos seis requisitos adoptó un tono eminentemente pragmático. La discusión comenzó con un detalle de moderación: un participante solicitó retirar la etiqueta vibecoding del envío.
La moderación desestimó la petición, recordando que la definición de dicha etiqueta es precisamente «el uso de herramientas de programación asistida por IA, evitando la duplicación de la etiqueta genérica ai». Una vez superada la controversia formal, las opiniones mostraron una notable cohesión: para la gran mayoría de profesionales comprometidos con la privacidad y la soberanía digital, plantear una integración masiva carece de sentido mientras no exista una solución local verdaderamente sólida.
Este consenso evidencia el recelo generalizado de los desarrolladores ante la incursión de la IA en la nube dentro de sus herramientas cotidianas. Cuando una aplicación intenta desviar el patrimonio de conocimiento de un usuario hacia un único proveedor, la resistencia surge de forma natural entre quienes mejor conocen los entresijos de las redes.
Abrir la puerta solo cuando el hardware esté listo
Esta defensa de la soberanía digital encaja de lleno con el mensaje institucional de The Document Foundation. El pasado 28 de septiembre, LibreOffice celebró el decimosexto aniversario de su independencia. Esta autonomía es la que le permite imponer condiciones tan estrictas. Aun así, la lista no supone un veto definitivo a la inteligencia artificial.
La evolución técnica avanza en una dirección favorable a la ejecución en local. La inferencia en hardware doméstico estándar es cada vez más accesible y los modelos de pesos abiertos progresan a un ritmo superior al previsto por la mayoría. La fundación deja la puerta entreabierta: si en el futuro surge una alternativa que satisfaga las seis condiciones, será evaluada con total minuciosidad.
Hasta que maduren soluciones locales conformes a estos principios, el instalador estándar de LibreOffice seguirá careciendo de cualquier rastro de IA. Sustituir las disputas ideológicas por una lista de especificaciones técnicas verificables representa la respuesta más pragmática ante la evolución tecnológica.
Enlaces de referencia:
- Blog de The Document Foundation
- Discusión en la comunidad de Lobsters